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martes, 24 de mayo de 2011

Actividades Extraescolares

Cuando no respondemos a los intereses de los niños, sino a las necesidades que los padres tenemos de mantenerlos ocupados, o evitar esos temores que tenemos de que pasen demasiadas horas en Internet, u otras razones nuestras, que hacen que organicemos su vida, es cuando será muy posible que los niños anden estresados. Si estas u otras razones nos llevan a escoger sus actividades extraescolares es muy probable que lo hagamos sin escucharlos y no respondiendo a sus intereses sino a los nuestros, horarios o frustraciones personales. Y como decimos es posible que así no sean felices y se estresen.

Los hijos deben elegir sus propias actividades extraescolares. A partir de los 6 o 7 años de edad conviene, en la medida de lo posible, que se tenga una serie de experiencias con distintas actividades, es decir, exponer al niño a distintas actividades sin tener necesariamente ninguna muy definida, y sin meterse de lleno en ninguna en concreto.

Por otro lado debemos escuchar al niño, ya que puede remitirnos diferentes tipos de problemas o impedimentos a la hora de realizar actividades, como hablarnos de dolor de tripas o de cabeza, decirnos que no quiere ir, vemos que no duerme bien, no quiere comer, etc.… Si el niño practica varias actividades extraescolares, estos pueden ser síntomas de estrés. Hay que escucharles y dejarles elegir. No siempre se puede, pero debemos procurar ir en esta dirección.

Tenemos que pensar que las actividades extraescolares que buscamos para nuestros hijos son siempre con un fin. Aparentemente puede ser una mayor preparación para la vida en general, sin embargo nuestro último objetivo de esa mayor y mejor formación es que sean felices. Porque, ¿para que queremos que tengan una buena cultura, destaquen, tengan un buen futuro o un buen puesto de trabajo? Es obvio y evidente que es porque creemos que así serán más felices, pero ¿estamos seguros de que así la van a alcanzar? En este sentido no siempre les estamos escuchando.

Hay tres aspectos o áreas fundamentales en la educación que son la intelectual, la deportiva -que no se práctica de manera suficiente en los colegios-, y la rama artística. A veces los padres pretendemos que haya una formación integral, en las tres áreas, y eso no siempre es posible.

Cuando el niño es pequeño, el desarrollo intelectual se está trabajando en el colegio, el área deportiva se recomienda empezar a realizarla a partir de los 6 años, y está bien que tomen contacto con alguna actividad artística, por ejemplo la pintura, o la práctica de algún instrumento musical. En cualquier caso hay que escucharles a ellos y no basarnos en las necesidades de los padres.

Si un niño ha de cubrir con  las actividades extraescolares las horas de trabajo que los padres tienen -en muchos casos-, sin duda alguna, el niño estará estresado, porque le tenemos desde las 16:00 de la tarde hasta las 21:00 de la noche haciendo actividades todos los días, y eso, evidentemente es demasiado, sobretodo si pensamos que a esto hay que añadirle el resto de la escolarización.

El problema, el peligro, radica en que si tomamos este tipo de modelos, en que han de hacerlo todo y a fondo, es decir han de aprender idiomas, hacer deporte, arte, etc., -que yo respeto y me parece maravilloso y es estupendo que nuestros hijos tengan la máxima formación-, pero si estos valores los exponemos así, tratando de que nuestros hijos tengan esa máxima formación, que permita que compitan al máximo nivel y alcancen las cotas más altas, creo que ahí corremos un gran riesgo de despistarnos del objetivo último, que como hemos dicho es su felicidad.

Algo que me parece esencial en todo esto, y es que todas las actividades que les buscamos, las queremos para que nuestros hijos sean felices, para su felicidad. Pues bien, lo primero que hay que entender es que la felicidad de un niño, como la de un adulto, es una sensación interna que tenemos, que sentimos y que es provocada por lo que hacemos y pensamos. Entonces, para que un niño pueda atreverse, intentar, ensayar, pensar correctamente y hacer cosas, lo primero que hace falta es que tenga un buen autoconcepto, una buena idea de sí mismo, tiene que confiar, creer en sí mismo, y para ello, es preciso que en las primeras etapas, los 5, 6 o 7 primeros  años de vida, estén muy cerca de los padres, y que los padres sepan, con esa interacción hacer sentir bien al niño.

Hasta esas edades, 5, 6 o 7 años no solo es exagerado, sino negativo que estén tanto tiempo ocupados, porque lo que les hace falta, lo que es primordial, es esa relación estrecha, intensa con los padres. El que un niño crezca sintiendo desde pequeñito que responde a lo que sus padres esperan de él y para eso tiene que haber una interrelación padres-hijos, eso, es básico, eso es fundamental.

Los padres hemos de mostrarles nuestra admiración, afecto incondicional, presencia en sus vidas. Hay que estar, hay que pasar tiempo con ellos. Se pueden realizar actividades de otro tipo, actividades en las que los padres puedan participar y enseñarles, sobre todo cuando son pequeños. Hasta los 7 u 8 años es básica está relación estrecha entre padres e hijos. Posteriormente, 11, 12 años pueden especializarse, pueden empezar a competir a un mayor nivel y luego con 13, 14, los papás les hacemos relativamente poca falta, y de ahí en adelante cada vez menos. Pero en las primeras etapas es exagerado que un niño hasta las 20:00 de la tarde esté ocupado desde las 08:00 de lunes a viernes.

Nos quejamos de que son competitivos, sin darnos cuenta de que son un reflejo de lo que socialmente estamos viviendo y haciendo, enseñándoles y trasmitiéndoles. Desde luego, como muchas veces nos comentan los padres, no tenemos los hijos con un manual sobre cómo educar. De ahí la enorme importancia que tiene el que los padres nos formemos sobre educación. Aconsejaría a todos los padres y madres que se animasen a asistir a las Escuelas para Madres y Padres que cada vez más proliferan en nuestra sociedad.

Dependiendo de las edades, esas actividades extraescolares, tienen que formar parte del juego, tienen que ser planteadas como un juego y desde luego, actividades como las artes marciales, son buenas, llevan la disciplina, les relaja, les enseña valores humanos importantes, la obediencia, etc., me parece estupendo, pero para nada sustitutivas de la estrecha relación padres hijos que ha de haber especialmente en las primeras etapas del desarrollo.

Miguel Ángel Ruiz González


miércoles, 6 de abril de 2011

El Miedo y las Fobias

Existe una tendencia a considerar el miedo como algo negativo, esto ocurre porque su manifestación va acompañada de sensaciones algo molestas como pueden ser aceleración cardíaca, respiración agitada, etc., también se da al mismo tiempo un pensamiento, una representación interna del peligro al que estamos expuestos, como por ejemplo “me voy a matar, me va a dar algo, me puede hacer daño…”. A pesar de todo eso, se trata de una emoción saludable en la medida en que prepara nuestro organismo para reaccionar ante el peligro que nos acecha, o evitar la circunstancia peligrosa en la que nos podemos ver envueltos, es decir, el miedo sería lo que pensamos, el cómo valoramos la situación, más la reacción que produce nuestro cuerpo para prepararnos para luchar o huir.

Otra cuestión es cuando éste, el miedo, llega a tal intensidad que puede paralizarnos, o bien que la circunstancia temida, objetivamente no encierre peligro, como por ejemplo montar en un vehículo, subir en un ascensor, salir de casa, etc., si además la persona lleva un tiempo evitando esa situación y esa evitación interfiere una vida normal, y todo ello va acompañado de un grado considerable de sufrimiento, en este caso podemos decir que nos hayamos ante una fobia.

De todas las maneras, una de las diferencias entre miedo y fobia se daría, aparte de por la ausencia de peligro objetivo, por la instauración de la conducta de evitación. Por ejemplo, supongamos que una persona tiene un percance en un ascensor, como quedarse encerrado o una caída, lo más probable es que la próxima vez que vaya a montar sienta miedo o una cierta inquietud, pues bien si a pesar del miedo sube y repite esta acción siempre que lo precisa, el miedo -y no fobia-, se irá disipando, pero en el caso contrario, si por la inquietud o miedo que siente, decide no subir en ascensor y sí hacerlo por las escaleras, automáticamente se calmará, esta calma será un refuerzo positivo, un premio a la conducta de no montar y hemos de saber que toda conducta seguida de un refuerzo positivo tiende a aumentar su frecuencia, a repetirse. Por otro lado si sube andando tendrá que justificarse a sí mismo el por qué lo hace, por lo que la idea de que hay un gran peligro en los ascensores, irá cobrando más y más fuerza en la medida que se vayan repitiendo las evitaciones, por este camino sí que se produce lo que llamamos fobia.

El tratamiento consistirá en el afrontamiento de la circunstancia temida, que en el ejemplo anterior sería viajar en el ascensor. Esto lo podemos hacer de dos maneras, que serían la inundación -técnica que no se utiliza más que en aquellos casos en que la fobia está empezando y estamos absolutamente seguros de la posibilidad de afrontar lo temido por parte de la persona-, o la desensibilización sistemática.

La inundación sería enfrentarle sin más dilación a lo temido, por ejemplo hacerle subir en ascensor diez pisos y repetirlo hasta acabar con toda o casi toda inquietud. La desensibilización consistiría en desgranar la meta objetivo -por ejemplo viajar 10 pisos- en submetas, como por ejemplo, el primer día llamar al ascensor, abrir la puerta y entrar sin que llegue a cerrarse, el segundo día lo mismo y permanecer dentro unos segundos, luego subir un piso, etc., hasta llegar al objetivo.

Si la fobia es tan incapacitante como para no poder realizar el más mínimo enfrentamiento, estaría aconsejada la desensibilización sistemática imaginada, que es una técnica en la que la persona previamente a la realidad de subir en ascensor, vive mentalmente la situación temida en estado de relajación y de forma gradual, o sea en varios días y poco a poco, siempre empezando por algo fácil para así llegar a lo más temido -los diez pisos-. Para ello habría que enseñar a la persona relajación, y esto es aconsejable en cualquier fobia e independiente del tipo de tratamiento -de los indicados-, que se vaya a poner en marcha.

Otro aspecto importante de la terapéutica es la realización de terapia cognitiva, que sería la técnica que lleva a la persona a la determinación de aquellos pensamientos que acompañan la situación temida, lo que llamamos lenguaje interno y el conocimiento de la influencia de dichos pensamientos en lo que siente, sea pánico, tristeza, etc. Esto es muy importante, ya que lo que pensamos , la forma concreta de hacerlo, las palabras, imágenes, que tenemos o nos decimos a nosotros mismos, son las que producirán la emoción y dependiendo de ésta, de lo que sintamos más o menos intensamente, actuaremos. A modo de ejemplo y siguiendo con el ascensor, una persona con fobia, ante la puerta del ascensor podría pensar: “seguro que me quedo encerrado…”, “mira que si se cae o me desmayo…”, etc., pensando de este modo, y especialmente sin darse cuenta de ello y de su influencia, lo más normal es que se ponga muy nervioso y que opte por subir por las escaleras. Por tanto, la terapia cognitiva, sería un aspecto relevante a contemplar en todos los trastornos de índole neurótica, es decir, en los trastornos en los que se sufre más de lo que objetivamente merecen las circunstancias. Conocer el contenido de estos pensamientos, nos va a dar datos importantes sobre el por qué sufre la persona -insistimos en que una característica relevante de las fobias es lo irracionales que son, por consiguiente habrá que conocerlos-, a estos pensamientos los llamamos pensamientos negativos, no porque produzcan y mantengan una emoción negativa, como ira, tristeza, o miedo, sino porque suelen ser falsos o inútiles, aunque nos los estemos creyendo con toda rotundidad. En el análisis de estos pensamientos, identificaremos el tipo de error o errores de pensamiento que comete la persona y entonces le podremos ayudar a racionalizar y a aplicar recursos para modificarlos, o al menos para que no actúe evitando afrontar lo temido, ya que será la experiencia exitosa la que producirá la modificación definitiva del pensamiento negativo.

Para concluir diremos que las fobias, con un tratamiento integral de terapia cognitiva, relajación y desensibilización sistemática o autoexposición, tienen muy buen pronóstico, lógicamente si la persona es guiada por un profesional que previamente estudiará su psicología, para después diseñar un plan específico de tratamiento adecuado a su problemática concreta.

Miguel Ángel Ruiz González


info@psicologosbilbao.es

miércoles, 9 de marzo de 2011

Tabaco, Personalidad y Estrés

En el 30 Congreso Internacional de Psicología Aplicada, me llevé una notoria sorpresa ante la ponencia del Dr. Eysenck, personalidad de reconocido prestigio en la Psicología, ya que tras diez años de investigación, habían llegado a la conclusión de que en las cardiopatías isquémicas (CI) y en el cáncer de pulmón, parecen existir factores de riesgo de mayor influencia que el tabaco.

Parece ser que en el desarrollo de estas enfermedades interactúan, muy complejamente , múltiples factores de riesgo, entre los que el fumar es sólo uno y no el más importante. De cada diez grandes fumadores, sólo uno morirá de cáncer de pulmón.

Fumar tiene ciertos efectos positivos que justifican su popularidad, entre ellos -sólidamente demostrados (O'Connor & Stravynski, 1982)- están la capacidad de elevar el nivel de excitación cortical, relajar a personas ansiosas y tensas e incrementar el estado de atención y alerta, ventajas que habrá que comparar con las desventajas. Por otra parte, parece ser que las personas que conservan este hábito por los efectos positivos que tiene sobre su bienestar psicológico, pueden dejarlo si se substituye por conductas alternativas que satisfagan las mismas necesidades.

Volviendo al tabaco como factor de riesgo en comparación con los factores de riesgo psicosociales y de otras clases (Grossarth-Maticek, Eysenck & Vetter, 1988), parece ser que la personalidad y el estrés, son seis veces más importantes que el tabaco dentro de la correlación estadística existente entre la enfermedad y los factores de riesgo. Esto no quiere decir que fumar sea inocuo, ni mucho menos, pero su influencia la sitúa en una perspectiva más adecuada con respecto al cáncer y la CI. Es decir de todos los factores de riesgo analizados para relacionarlos con el fallecimiento por cáncer y CI, es el estrés y la reacción del individuo al estrés el que muestra una mayor correlación. Afirma el Dr. Eysenck que en sus trabajos han descubierto siempre que el fumar no se haya demasiado correlacionado con estas enfermedades en aquellos grupos donde no existe estrés o donde una personalidad sana lo contrarresta o lo afronta con éxito. En cambio en las poblaciones donde es endémico y la conducta para afrontarlo inadecuada, sí aparecen correlaciones positivas.

Los datos existentes en la actualidad parecen indicar con fuerza, que la aplicación de los métodos de la terapia conductual a las personas que padecen estrés y que emplean mecanismos inadecuados  para hacerle frente pueden evitar el cáncer y la CI, si los comparamos con los grupos que no reciben este tipo de ayuda. Parece lógico pensar que el principal intermediario en el caso del cáncer es el sistema inmunológico y los datos nos dicen que la terapia conductual mejora su eficacia, mientras que el estrés  posee el efecto contrario (Eysenck, 1986; Rodin, 1984, 1986).

Resumiendo podemos decir que la influencia del estrés y de la reacción del individuo a éste, son factores de mayor influjo en el desarrollo de estas enfermedades, y que la intervención psicológica no va a suprimir un factor de riesgo aditivo sino multiplicativo, por ello constituye un factor poderoso para la prevención del cáncer y de la CI, e incluso para la prolongación de vida en pacientes de cáncer terminal.

Y es que resulta curioso que las teorías referentes a los factores psicosociales como decisivamente influyentes en el desarrollo de las enfermedades, tienen una historia de 2.000 años, sin embargo el colectivo médico -en general- no ha dado demasiada importancia al estrés y a la personalidad  en la etiología de las enfermedades. Como dice Eysenck el estrés constituye un verdadero asesino.

De todos modos, concluiremos diciendo que dejar de fumar es necesario pues se trata de un hábito, de una drogodependencia sin ninguna duda, perjudicial para la salud.

Miguel Ángel Ruiz González


martes, 1 de febrero de 2011

EL AMOR DE PAREJA

Hoy en día todos conocemos parejas que se han separado, o que se llevan fatal y lo desean. Es por tanto bastante oportuno que exista el divorcio y que la gente libremente opte por separarse cuando así lo estima.

De todos modos los terapeutas de pareja observamos que hay gran cantidad de separaciones que podrían evitarse y mejorar profundamente sus relaciones, y es que hay casos en los que por ejemplo los miembros de la pareja (uno, o los dos) piensan que si se ha perdido la pasión aquella del principio, no hay nada que hacer, o parejas que están manteniendo una postura de fuerza con respecto al otro: "cómo no cambie lo tiene claro yo no muevo un dedo", naturalmente acaban mal. Otras parejas tienen unos déficits de adecuada comunicación que también les conducen a problemas de relación.

Nosotros planteamos el amor (no hablamos aquí del enamoramiento), en términos de conducta, es decir, la base del amor como de la amistad son conductas. ¿Cómo voy a tener amistad  profunda con alguien si no estoy cuando me necesita?, ¿si no escucho lo qué le sucede?, ¿si no valoro los actos que por mí realiza?, ¿si no hacemos cosas juntos?, ¿si no manifestamos nuestro agrado por las buenas cosas que le acontecen al otro? Es decir para que exista el amor tenemos que hacer algo que lo mantenga. Solemos comparar el amor de pareja a una huerta que uno posee, si mueve la tierra, retira malas hierbas, abona, siembra buenas semillas, riega, etc., el fruto que dará la huerta será más abundante y de más calidad que el que produciría sin esos cuidados. El amor de pareja es algo parecido, no basta con haber estado enamorado, es preciso cuidarlo, mimarlo, enriquecerlo, requiere una atención un cuidado específico.

Esto es algo que se puede experimentar, desde aquí quisiera invitar a las personas con problemas de relación de pareja que reflexionen, analicen, o se informen o pidan ayuda y lo prueben.

Pongamos un ejemplo, supongamos que me siento mal con mi pareja, tenemos un pequeño conflicto y hemos llegado a un punto en que casi no cruzamos palabra, por lo tanto cuando llego a casa espero a ver cómo actúa mi cónyuge, estoy pendiente de la atención que me presta, en una palabra a la expectativa de lo que hace por mí. Probablemente él/ella se encuentran en la misma posición, o sea está esperando a que me dedique a él/ella, así que no se dedica a mí y por lo tanto me enfado más y menos ganas tengo de hacer nada, con toda seguridad no estaré feliz y contento. Ahora me propongo (incluso experimentalmente), que cuando llegue a casa le llevaré un detalle, le sonreiré, le preguntaré por lo que ha hecho, me interesaré por sus cosas, trataré de que mi pareja se encuentre feliz, como sé lo que le agrada, es más que probable que lo consiga, si esto es así, nos sonreirá, a su vez se interesará por mis cosas, le resultará más fácil acercarse a mí y tener aquel pequeño detalle que yo espero que tenga, entonces me sentiré querido, atendido, en cualquier caso mejor que con la inercia de no hacer nada u otras conductas negativas, como gritar, culpabilizar, etc.

Si por ejemplo tengo esta intención de agradar a mi pareja y tengo esas conductas positivas y resulta que no me mira, ni sonríe, ni dice nada, y yo en vez de verbalizar lo que siento, decirle lo que me gustaría, preguntarle acerca de lo que le sucede, me enfado, grito, ofendo y me marcho, habré tenido el detalle la buena intención, pero habremos fallado en la comunicación, porque evidentemente con todas esas conductas comunicamos.

Ella no habrá sabido comunicar con su gesto y palabra, el agrado, y en el caso de estar enfadada, no ha  verbalizado, y controlado sus sentimientos de una forma eficaz, como sería diciendo que le agradece el detalle pero que le cuesta sonreír, mirándole, describiendo la conducta que causó el enfado sin juzgarla ni interpretarla, expresando lo que siente, pero haciéndose responsable de sus sentimientos, no culpabilizándole/se, y por otro lado, proporcionando soluciones, peticiones, acuerdos concretos.

Él también por no saber comunicar el malestar que siente, no describir la conducta de ella que causa el enojo, no decir cómo se siente, no intentar comprender las razones de su conducta ni preguntar acerca de éstas (“si no me mira ni sonríe es porque sigue enfadada, voy a ayudarla a expresar lo que siente, a asumir mi responsabilidad, a pedir disculpas de aquello que sea responsable y a reparar lo dañado”)  ni proponer soluciones, demandas concretas , habrá contribuido al alejamiento, a los problemas de pareja.

Si por el contrario lo hacemos y este tipo de actuaciones se producen constantemente y por ambas partes nos encontramos, muy probablemente ante una pareja feliz.

En el estudio de la relación de parejas lo que se observa como rasgo diferencial entre las felices y las que no lo son, es la conducta, bien por que hay muchas cosas que no se están haciendo (déficit conductual), o bien porque se están realizando conductas inadecuadas como consecuencia de fallos en la comunicación, educación, falta de información, circunstancias especiales, y un largo etcétera, pero al fin y al cabo conductas, por consiguiente identificables y modificables.

Estos comportamientos específicos, estas pautas de comunicación, unidos a la decisión de una pareja enamorada que decide un proyecto de vida juntos, proporciona los medios para afrontar con más probabilidades de éxito, esa empresa que llamamos pareja y frecuentemente acaba en familia.

Miguel Ángel Ruiz González


viernes, 14 de enero de 2011

Entrevista DEIA - Abuso Sexual Infantil

"No nos obsesionemos con los abusos; no es lo habitual"

La detención de un profesor en Erandio, acusado de abusar sexualmente a varios alumnos, ha convulsionado a la sociedad esta semana. El psicólogo clínico Miguel Ángel Ruiz advierte de que, en algunos casos, los niños ni siquiera son conscientes de que están siendo víctimas.

Bilbao. ¿Cómo vive un niño los abusos sexuales? ¿Son conscientes de ello?
Depende de la edad, del tipo de abuso... Si son muy pequeños, quizá ni se den cuenta, lo ven como un juego. O puede ser un tocamiento tan sucinto que ni lleguen a notarlo. A partir de los 7 u 8 años sí pueden empezar a notar algo raro. También depende de las técnicas que desarrolle el pedófilo; algunos niños ni siquiera lo ven como algo traumático, porque les engaña haciéndoles ver que es un juego.

¿Se pueden detectar estos casos?
El tipo de abuso y los síntomas que provoca en cada niño son tan amplios que es difícil determinarlo, salvo que sean cosas muy claras. En general es difícil. Si es muy sutil, es prácticamente inapreciable; a veces lo cuentan de forma inocente, relatando cómo juegan con él. No es fácil, a no ser que el abuso sea fuerte.

En estos casos, ¿los síntomas son más evidentes?
Sí, tiene dolores de cabeza cuando nunca se había quejado, pesadillas continuas, de repente se vuelve retraído, rehusa ir a clase de gimnasia o no quiere desvestirse con más gente, tiene miedo de ir solo al baño, se vuelve agresivo... Son cambios que chocan, cosas que antes no sucedían, y que perduran; que un niño tenga un cambio emocional repentino puede ser normal si ocurre un día por algo concreto. Si ocurre con cierta frecuencia, es cuando se nos tiene que encender la luz.

¿Aparecen en todos los casos?
Si son abusos dañinos para el niño, sí. Pero también puede haber tocamientos tan sutiles que el niño no se da cuenta y, por lo tanto, no le causa daño alguno. Intervendremos en consecuencia, pero tampoco le vamos a causar un problema al niño donde él no lo ve. Si hay abuso dañino o perjudicial, como en la mayoría de los casos, siempre va a haber unos síntomas que nos indiquen que algo no va bien.

¿Siempre hay que sospechar de abusos?
Estos comportamientos no son aplicables únicamente a abusos; pueden ser celos de un hermano pequeño que acaba de nacer o problemas con un compañero de clase. Indican un amplio abanico de trastornos o problemas en la vida del niño.

¿Cómo descubrirlo?
Hay que hablarlo haciéndole preguntas indirectas, poco a poco: con quién juega, dónde, cómo... Pero sin obsesionarse, que a veces lo hacemos en exceso. Gracias a Dios, la mayor parte de los profesores son personas normales y no tienen esos comportamientos. No es lo habitual, así que nos obsesionemos con ello; no podemos empezar a preguntarles si su profesor les toca o no, sin venir a cuento. Si el niño está feliz y no hay signos extraños, no hay problema.

Me imagino que no será fácil que hablen de ello.
Si el abusador sabe hacerlo, entre comillas, el niño no lo van a contar, y esa es la gran desgracia. Crea en el niño un sentimiento de culpa, haciéndole creer que es responsable a través de regalos o del chantaje emocional; él ha participado libremente, por eso ha recibido regalos... Sabemos que los casos que se denuncia son un porcentaje muy pequeño. Otras veces lo cuentan de forma totalmente inocente; con fulanito juego así y así. El niño no sabía que estaba siendo abusado, sino participando en un juego, y como tal lo cuenta. Por eso, una buena comunicación con nuestros hijos, la presencia de los padres en su educación, favorece saber lo que les está sucediendo.

En el caso de estas víctimas, ¿cómo se debe actuar con ellos a partir de ahora?
Depende de la edad, de si hay consciencia de que ha sido víctima de algo negativo y del tipo de abuso. La actitud de los padres es clave; no se trata de mentir y decir que no ha pasado nada, pero tampoco estigmatizar el hecho. Decir lo que nos ha pasado es desagradable pero tú eres fuerte y lo puedes superar, la vida sigue y estas cosas nos sirven para saber que hay personas malas en la vida es una actitud más sana que lamentarse una y otra vez con un Dios mío, qué desgracia lo que nos ha pasado.

¿Pueden sufrir secuelas?
Depende del tipo de abuso, del alcance, del tiempo que dure, la intensidad, la gravedad... Pero pueden dejar marcada a una persona de por vida; se vuelven retraídas, insatisfechas, con falta de confianza en sí mismas...

Los protocolos para detectar este tipo de abusos u otros como el bulling, ¿funcionan correctamente en los centros escolares?
No conozco en detalle cómo funcionan, pero investigar continuamente si los niños son víctimas de abusos me parecería peligroso. Hay que prestar atención individual al caso cuando detectamos algo raro en un niño, pero establecer una serie de preguntas globales a los niños para ver cuáles son víctimas de posibles asuntos no lo estimo conveniente.

Generan una evidente alarma social. ¿Se deben dar a conocer?
Me pone en un brete... Creo que sí, pero al mismo tiempo tenemos que tener confianza en nuestro marco educativo y en nuestro profesorado. Nuestro sistema es fuerte y estos casos, tarde o temprano, siempre salen a la luz; los mismo profesores que sospechan son los primeros en denunciar y no permitir estos casos.


Miguel Ángel Ruiz González