Páginas

Mostrando entradas con la etiqueta fobia social. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta fobia social. Mostrar todas las entradas

miércoles, 25 de enero de 2012

Timidez y Fobia Social

Timidez y fobia social son dos términos en los que no está clara la frontera entre ambos. De hecho, el tímido manifestará su timidez en las circunstancias sociales en las que se vea envuelto, encontrándose nervioso, incómodo, dudando de sus capacidades de adecuación y respuesta. Por otra parte la fobia social nos habla de un alto grado de ansiedad ante situaciones sociales, sin embargo, sí podemos poner la frontera al definir el concepto de fobia como un miedo exagerado, potenciado porque la persona ha aprendido a controlarlo evitando afrontar la situación temida.

Es decir el tímido se pondrá nervioso, pero generalmente afrontará las situaciones sociales, de este modo, a medida que pasa el tiempo se verá más y más cómodo en aquellas circunstancias que en un principio le incomodaban y en las que no se sentía tranquilo, relajado. Así podemos ver como grandes tímidos pueden dirigirse a un parlamento, por ejemplo, con total soltura y tranquilidad, como consecuencia de la experiencia positiva de repetir la acción exitosamente, naturalmente con esta actitud consistente en encarar lo temido no se desarrollará una fobia social y si en cambio una seguridad personal.

El fóbico, puede haber sido un tímido que en un determinado momento habiendo tenido que afrontar una circunstancia social se ha puesto muy nervioso y su respuesta ha sido irse o negarse a encarar dicha circunstancia, así de forma inmediata se quedará tranquilo, pero esta tranquilidad será un refuerzo positivo, un premio a la conducta de evitación - sabemos que toda conducta que va seguida de un refuerzo positivo tiende a aumentar su frecuencia -, de este modo la próxima vez tendrá una mayor tendencia a evitar de nuevo afrontar dicha circunstancia, con lo que cada vez el miedo será mayor. Por otro lado, en el nivel de pensamiento, la idea que tiene respecto a su falta de capacidad para afrontar lo temido, se verá reforzada, ayudando a aumentar la conducta de evitación y por lo tanto el miedo irracional y en último término la aparición de la fobia.

Precisamente el miedo excesivo, irracional, sería otra de las características que nos ayudarían a diferenciar entre miedo y fobia. Queremos decir que las situaciones temidas, objetivamente no han de entrañar ningún peligro, como son por ejemplo comer con unos compañeros de trabajo o entrar a una tienda a comprar algo y sin embargo haber sido evitadas, aquí si podríamos hablar de fobia.

Además en la medida que la persona con fobia social no afronta esas circunstancias está impidiéndose el aprendizaje de técnicas y habilidades sociales que sólo se desarrollan con la práctica.

Todas las fobias conllevan un alto nivel de ansiedad y por tanto una serie de síntomas físicos que la persona tratará de evitar que se manifiesten eludiendo dichas situaciones. Estos síntomas son sequedad de boca, sudores, temblores, palpitaciones falta de concentración, sensación de mareo, rigidez muscular, etc., lo pasa tan mal, que aprende a evitar afrontar lo temido, aumentando así sus temores, la aparición de los síntomas y las ideas de incapacidad.

Las circunstancias que temen son muy variadas y van desde el temor a que les presenten a otras personas, comer o beber en público, llegar a ser el centro de atención, ser observados, hablar en público o ante un grupo de amigos, reclamar un derecho, ir a fiestas o reuniones, realizar compras en comercios, etc...

Normalmente hablamos de dos tipos de fobia social que son la específica y la generalizada. La específica sería una fobia muy concreta a una situación, como por ejemplo dirigirse verbalmente a un grupo, pero no presenta problema para el resto de situaciones sociales. La generalizada sería una fobia a todo tipo de situaciones sociales.

Al final la persona que padece este problema, sobre todo si se trata de la fobia social generalizada, ve como toda su vida está condicionada por la fobia que le incapacita, limita e impide llevar una vida normal, con un alto nivel de sufrimiento que a la postre le llevará a solicitar ayuda.

La ayuda psicológica habrá de trabajar en varios frentes. Uno será el de la información, es decir la comprensión por parte del paciente de cómo se ha originado y desarrollado el problema, otro frente de trabajo será el del pensamiento, con las técnicas de la terapia cognitiva, otro más el control de la ansiedad mediante el aprendizaje de técnicas de relajación, otro el entrenamiento en habilidades sociales y por último la exposición gradual a las situaciones temidas.

Concluiremos diciendo que estos problemas son mucho más fácilmente resolubles en sus etapas iniciales que cuando después de años están amplia y profundamente arraigados. A veces comprendiendo lo que está empezando a suceder y analizando como está actuando la persona y las consecuencias que pueden derivarse, surge la orientación adecuada y las acciones encaminadas a que uno se quede simplemente en ser un poco tímido, cosa por otro lado absolutamente normal, sin pasar a desarrollar una fobia, que ya sería un problema más serio y más dificultoso de resolver.

Miguel Ángel Ruiz González


miércoles, 6 de abril de 2011

El Miedo y las Fobias

Existe una tendencia a considerar el miedo como algo negativo, esto ocurre porque su manifestación va acompañada de sensaciones algo molestas como pueden ser aceleración cardíaca, respiración agitada, etc., también se da al mismo tiempo un pensamiento, una representación interna del peligro al que estamos expuestos, como por ejemplo “me voy a matar, me va a dar algo, me puede hacer daño…”. A pesar de todo eso, se trata de una emoción saludable en la medida en que prepara nuestro organismo para reaccionar ante el peligro que nos acecha, o evitar la circunstancia peligrosa en la que nos podemos ver envueltos, es decir, el miedo sería lo que pensamos, el cómo valoramos la situación, más la reacción que produce nuestro cuerpo para prepararnos para luchar o huir.

Otra cuestión es cuando éste, el miedo, llega a tal intensidad que puede paralizarnos, o bien que la circunstancia temida, objetivamente no encierre peligro, como por ejemplo montar en un vehículo, subir en un ascensor, salir de casa, etc., si además la persona lleva un tiempo evitando esa situación y esa evitación interfiere una vida normal, y todo ello va acompañado de un grado considerable de sufrimiento, en este caso podemos decir que nos hayamos ante una fobia.

De todas las maneras, una de las diferencias entre miedo y fobia se daría, aparte de por la ausencia de peligro objetivo, por la instauración de la conducta de evitación. Por ejemplo, supongamos que una persona tiene un percance en un ascensor, como quedarse encerrado o una caída, lo más probable es que la próxima vez que vaya a montar sienta miedo o una cierta inquietud, pues bien si a pesar del miedo sube y repite esta acción siempre que lo precisa, el miedo -y no fobia-, se irá disipando, pero en el caso contrario, si por la inquietud o miedo que siente, decide no subir en ascensor y sí hacerlo por las escaleras, automáticamente se calmará, esta calma será un refuerzo positivo, un premio a la conducta de no montar y hemos de saber que toda conducta seguida de un refuerzo positivo tiende a aumentar su frecuencia, a repetirse. Por otro lado si sube andando tendrá que justificarse a sí mismo el por qué lo hace, por lo que la idea de que hay un gran peligro en los ascensores, irá cobrando más y más fuerza en la medida que se vayan repitiendo las evitaciones, por este camino sí que se produce lo que llamamos fobia.

El tratamiento consistirá en el afrontamiento de la circunstancia temida, que en el ejemplo anterior sería viajar en el ascensor. Esto lo podemos hacer de dos maneras, que serían la inundación -técnica que no se utiliza más que en aquellos casos en que la fobia está empezando y estamos absolutamente seguros de la posibilidad de afrontar lo temido por parte de la persona-, o la desensibilización sistemática.

La inundación sería enfrentarle sin más dilación a lo temido, por ejemplo hacerle subir en ascensor diez pisos y repetirlo hasta acabar con toda o casi toda inquietud. La desensibilización consistiría en desgranar la meta objetivo -por ejemplo viajar 10 pisos- en submetas, como por ejemplo, el primer día llamar al ascensor, abrir la puerta y entrar sin que llegue a cerrarse, el segundo día lo mismo y permanecer dentro unos segundos, luego subir un piso, etc., hasta llegar al objetivo.

Si la fobia es tan incapacitante como para no poder realizar el más mínimo enfrentamiento, estaría aconsejada la desensibilización sistemática imaginada, que es una técnica en la que la persona previamente a la realidad de subir en ascensor, vive mentalmente la situación temida en estado de relajación y de forma gradual, o sea en varios días y poco a poco, siempre empezando por algo fácil para así llegar a lo más temido -los diez pisos-. Para ello habría que enseñar a la persona relajación, y esto es aconsejable en cualquier fobia e independiente del tipo de tratamiento -de los indicados-, que se vaya a poner en marcha.

Otro aspecto importante de la terapéutica es la realización de terapia cognitiva, que sería la técnica que lleva a la persona a la determinación de aquellos pensamientos que acompañan la situación temida, lo que llamamos lenguaje interno y el conocimiento de la influencia de dichos pensamientos en lo que siente, sea pánico, tristeza, etc. Esto es muy importante, ya que lo que pensamos , la forma concreta de hacerlo, las palabras, imágenes, que tenemos o nos decimos a nosotros mismos, son las que producirán la emoción y dependiendo de ésta, de lo que sintamos más o menos intensamente, actuaremos. A modo de ejemplo y siguiendo con el ascensor, una persona con fobia, ante la puerta del ascensor podría pensar: “seguro que me quedo encerrado…”, “mira que si se cae o me desmayo…”, etc., pensando de este modo, y especialmente sin darse cuenta de ello y de su influencia, lo más normal es que se ponga muy nervioso y que opte por subir por las escaleras. Por tanto, la terapia cognitiva, sería un aspecto relevante a contemplar en todos los trastornos de índole neurótica, es decir, en los trastornos en los que se sufre más de lo que objetivamente merecen las circunstancias. Conocer el contenido de estos pensamientos, nos va a dar datos importantes sobre el por qué sufre la persona -insistimos en que una característica relevante de las fobias es lo irracionales que son, por consiguiente habrá que conocerlos-, a estos pensamientos los llamamos pensamientos negativos, no porque produzcan y mantengan una emoción negativa, como ira, tristeza, o miedo, sino porque suelen ser falsos o inútiles, aunque nos los estemos creyendo con toda rotundidad. En el análisis de estos pensamientos, identificaremos el tipo de error o errores de pensamiento que comete la persona y entonces le podremos ayudar a racionalizar y a aplicar recursos para modificarlos, o al menos para que no actúe evitando afrontar lo temido, ya que será la experiencia exitosa la que producirá la modificación definitiva del pensamiento negativo.

Para concluir diremos que las fobias, con un tratamiento integral de terapia cognitiva, relajación y desensibilización sistemática o autoexposición, tienen muy buen pronóstico, lógicamente si la persona es guiada por un profesional que previamente estudiará su psicología, para después diseñar un plan específico de tratamiento adecuado a su problemática concreta.

Miguel Ángel Ruiz González


info@psicologosbilbao.es