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miércoles, 19 de diciembre de 2012

El Nuevo Ocio Es Creativo

Artículo de el diario El País, para el que fue consultado Miguel Ángel Ruiz González


Para los que no se conforman con que sus hijos pasen el fin de semana ante la televisión o la videoconsola, la oferta de cursos con contenidos artísticos y culturales llegan al rescate.


Hay niños que los fines de semana juegan con arena, cubo y pala; otros que pasan la tarde en el centro comercial, entre bolsas de palomitas, cine y bolera; también están los que se desahogan en una piscina de bolas, los que recorren el carril bici de los parques urbanos o los que trotan al ritmo de sus padres en rutas de senderismo. Pero también hay niños cuya agenda de ocio parece diseñada para que forme parte de su futuro currículo profesional: talleres, cursos, seminarios, exposiciones y todo tipo de quehaceres encaminados a dotar de contenido artístico o cultural su tiempo de juego.

La oferta de actividades dirigidas a ellos se ha diversificado en los últimos años hasta límites insospechados. Una vez superada la tartera bajo los pinos del tradicional plan dominguero, los padres comenzaron a demandar otras posibilidades y fueron surgiendo propuestas de ocio infantil cada vez más sofisticadas: de las películas Disney a talleres de cine mudo para niños –se han hecho en la Mostra de Cinema Periférico de A Coruña, en el Musac de León y en el Centro Conde Duque de Madrid–; del circo tradicional a los espectáculos y talleres llenos de luz y sombra que propone Teatres de la Llum (www.teatresdelallum.com); de las marionetas en el Retiro a talleres multidisciplinares de teatro, danza y performance, como los realizados en el centro cultural La Regenta de Las Palmas de Gran Canaria (www.laregenta.org).

Tres son las palabras talismán de muchas de estas propuestas: taller, creatividad e imaginación. Un par de ejemplos: en Barcelona, The Private Space Kids (www.theprivatespacebcn.com) se define como un espacio que, «a través de actividades y talleres, fomenta la imaginación trasladándola a distintos soportes, de manera que los niños pueden dar salida a todo un proceso de creación y ver cómo sus ideas pueden materializarse». En Madrid, Muakbabi (www.muakbabi.com) realiza talleres infantiles de creatividad y diseño «para potenciar las habilidades creativas de niños y niñas, usando el diseño como vehículo de transmisión de valores artísticos y de procesos creativos de pensamiento».

ncluso las fiestas de cumpleaños llegan a envolverse en este planteamiento, como los talleres creativos de yoga, teatro, danza, fotografía o manualidades que propone Villa Peluka (www.villapeluka.com), los de Little Big Kids (www.littlebigkids.es), en los que se imparten talleres como La vuelta al mundo for kids, Arte for kids, El Antiguo Egipto for kids, o los que proponen los espacios Baby Deli –una de sus socias fundadoras es Carolina Herrera– en los que «la ecología y el respeto por el medio ambiente en todo lo relacionado con los niños son sus pilares básicos».

Las propuestas son casi infinitas y muchas de ellas nos dibujan un panorama de padres preocupados no solo por entretener a sus hijos, sino por conseguir que ese entretenimiento, además, sea rico culturalmente o potencie sus capacidades. Y esto puede entrañar sus riesgos, como señala la psicóloga Pilar Valera, autora del libro Timida-mente, quien parte de una premisa: «El hecho de que unos padres se interesen por buscar actividades para compartir con sus hijos es un excelente punto de partida, pues la unión de los niños dentro de la familia, especialmente en los primeros años, es esencial. Ahora bien, la educación en esa etapa no se traduce necesariamente en adquirir conocimientos, sino en modos de aprender a vivir: se puede aprender haciendo origami o con cine de autor, sí, pero también con una película de dibujos o amasando rosquillas en casa mientras hablas con ellos».

Los árboles no crecen tirando de las hojas es el título de una obra del psicólogo y pedagogo Miguel Hoffmann, y a esta metáfora se acoge Joan Domènech, director de la Escuela Fructuòs Gelabert, cuando explica que «cualquier aprendizaje antes de tiempo y en un contexto artificial puede contentar a los padres en un primer momento, pero también puede dar problemas en el futuro, pues propicia que el niño se salte alguna fase en su desarrollo». Domènech, autor de La educación lenta, sugiere «sustituir la idea tradicional de que “el niño aprende jugando” por otra más potente, la de que “el niño que no juega no aprende”. Los pequeños necesitan tiempo para ellos y para jugar libremente, sin actividades dirigidas por mayores, para adquirir aprendizajes que les van a ser necesarios en la vida. A veces confundimos las cosas y les damos juegos didácticos en demasía, cuando a lo mejor lo que necesitan es cubo, pala y arena. Sin más».

A veces, advierten los expertos, en esta búsqueda de actividades un tanto elitistas corremos el riesgo de dejarnos llevar por el esnobismo y subestimar los juegos más simples, por considerarlos poco educativos, poco enriquecedores. «No es conveniente que los padres identifiquen sus inquietudes culturales o intereses particulares con los de sus hijos, ni que piensen que son monigotes capaces de absorber todo. Recordemos que los pequeños no saben expresar bien sus emociones y, a lo mejor, les estamos dando mucha tralla», señala Pilar Varela. El psicólogo Miguel Ángel Ruiz señala que, a la hora de escoger actividades, «hay que dejarles elegir, contar con ellos, escucharles. Si les ofrecemos algo muy denso, que sea propio de su edad, que haya otros niños y, en la medida de lo posible, participen con ellos. Si vemos que el crío disfruta, adelante; si se aburre, dejémoslo. Y tenemos que tener en cuenta la edad: no es lo mismo los cuatro años que los nueve».

El «una de cal y una de arena» es lo que sugiere Miguel Ángel Ruiz, quien explica que «no hay por qué rehuir actividades culturales, pero tampoco hay por qué demonizar las películas de Disney. Lo importante es recordar que el niño debe tener un espacio de expansión propio». Por último, Joan Doménech propone que «nos relajemos con nuestros hijos, juguemos con ellos, paseemos y no les dejemos a solas con su juguete tecnológico. Y es esencial que jueguen con sus amigos sin que estemos los adultos detrás dirigiéndoles y organizándoles su diversión».



martes, 24 de mayo de 2011

Actividades Extraescolares

Cuando no respondemos a los intereses de los niños, sino a las necesidades que los padres tenemos de mantenerlos ocupados, o evitar esos temores que tenemos de que pasen demasiadas horas en Internet, u otras razones nuestras, que hacen que organicemos su vida, es cuando será muy posible que los niños anden estresados. Si estas u otras razones nos llevan a escoger sus actividades extraescolares es muy probable que lo hagamos sin escucharlos y no respondiendo a sus intereses sino a los nuestros, horarios o frustraciones personales. Y como decimos es posible que así no sean felices y se estresen.

Los hijos deben elegir sus propias actividades extraescolares. A partir de los 6 o 7 años de edad conviene, en la medida de lo posible, que se tenga una serie de experiencias con distintas actividades, es decir, exponer al niño a distintas actividades sin tener necesariamente ninguna muy definida, y sin meterse de lleno en ninguna en concreto.

Por otro lado debemos escuchar al niño, ya que puede remitirnos diferentes tipos de problemas o impedimentos a la hora de realizar actividades, como hablarnos de dolor de tripas o de cabeza, decirnos que no quiere ir, vemos que no duerme bien, no quiere comer, etc.… Si el niño practica varias actividades extraescolares, estos pueden ser síntomas de estrés. Hay que escucharles y dejarles elegir. No siempre se puede, pero debemos procurar ir en esta dirección.

Tenemos que pensar que las actividades extraescolares que buscamos para nuestros hijos son siempre con un fin. Aparentemente puede ser una mayor preparación para la vida en general, sin embargo nuestro último objetivo de esa mayor y mejor formación es que sean felices. Porque, ¿para que queremos que tengan una buena cultura, destaquen, tengan un buen futuro o un buen puesto de trabajo? Es obvio y evidente que es porque creemos que así serán más felices, pero ¿estamos seguros de que así la van a alcanzar? En este sentido no siempre les estamos escuchando.

Hay tres aspectos o áreas fundamentales en la educación que son la intelectual, la deportiva -que no se práctica de manera suficiente en los colegios-, y la rama artística. A veces los padres pretendemos que haya una formación integral, en las tres áreas, y eso no siempre es posible.

Cuando el niño es pequeño, el desarrollo intelectual se está trabajando en el colegio, el área deportiva se recomienda empezar a realizarla a partir de los 6 años, y está bien que tomen contacto con alguna actividad artística, por ejemplo la pintura, o la práctica de algún instrumento musical. En cualquier caso hay que escucharles a ellos y no basarnos en las necesidades de los padres.

Si un niño ha de cubrir con  las actividades extraescolares las horas de trabajo que los padres tienen -en muchos casos-, sin duda alguna, el niño estará estresado, porque le tenemos desde las 16:00 de la tarde hasta las 21:00 de la noche haciendo actividades todos los días, y eso, evidentemente es demasiado, sobretodo si pensamos que a esto hay que añadirle el resto de la escolarización.

El problema, el peligro, radica en que si tomamos este tipo de modelos, en que han de hacerlo todo y a fondo, es decir han de aprender idiomas, hacer deporte, arte, etc., -que yo respeto y me parece maravilloso y es estupendo que nuestros hijos tengan la máxima formación-, pero si estos valores los exponemos así, tratando de que nuestros hijos tengan esa máxima formación, que permita que compitan al máximo nivel y alcancen las cotas más altas, creo que ahí corremos un gran riesgo de despistarnos del objetivo último, que como hemos dicho es su felicidad.

Algo que me parece esencial en todo esto, y es que todas las actividades que les buscamos, las queremos para que nuestros hijos sean felices, para su felicidad. Pues bien, lo primero que hay que entender es que la felicidad de un niño, como la de un adulto, es una sensación interna que tenemos, que sentimos y que es provocada por lo que hacemos y pensamos. Entonces, para que un niño pueda atreverse, intentar, ensayar, pensar correctamente y hacer cosas, lo primero que hace falta es que tenga un buen autoconcepto, una buena idea de sí mismo, tiene que confiar, creer en sí mismo, y para ello, es preciso que en las primeras etapas, los 5, 6 o 7 primeros  años de vida, estén muy cerca de los padres, y que los padres sepan, con esa interacción hacer sentir bien al niño.

Hasta esas edades, 5, 6 o 7 años no solo es exagerado, sino negativo que estén tanto tiempo ocupados, porque lo que les hace falta, lo que es primordial, es esa relación estrecha, intensa con los padres. El que un niño crezca sintiendo desde pequeñito que responde a lo que sus padres esperan de él y para eso tiene que haber una interrelación padres-hijos, eso, es básico, eso es fundamental.

Los padres hemos de mostrarles nuestra admiración, afecto incondicional, presencia en sus vidas. Hay que estar, hay que pasar tiempo con ellos. Se pueden realizar actividades de otro tipo, actividades en las que los padres puedan participar y enseñarles, sobre todo cuando son pequeños. Hasta los 7 u 8 años es básica está relación estrecha entre padres e hijos. Posteriormente, 11, 12 años pueden especializarse, pueden empezar a competir a un mayor nivel y luego con 13, 14, los papás les hacemos relativamente poca falta, y de ahí en adelante cada vez menos. Pero en las primeras etapas es exagerado que un niño hasta las 20:00 de la tarde esté ocupado desde las 08:00 de lunes a viernes.

Nos quejamos de que son competitivos, sin darnos cuenta de que son un reflejo de lo que socialmente estamos viviendo y haciendo, enseñándoles y trasmitiéndoles. Desde luego, como muchas veces nos comentan los padres, no tenemos los hijos con un manual sobre cómo educar. De ahí la enorme importancia que tiene el que los padres nos formemos sobre educación. Aconsejaría a todos los padres y madres que se animasen a asistir a las Escuelas para Madres y Padres que cada vez más proliferan en nuestra sociedad.

Dependiendo de las edades, esas actividades extraescolares, tienen que formar parte del juego, tienen que ser planteadas como un juego y desde luego, actividades como las artes marciales, son buenas, llevan la disciplina, les relaja, les enseña valores humanos importantes, la obediencia, etc., me parece estupendo, pero para nada sustitutivas de la estrecha relación padres hijos que ha de haber especialmente en las primeras etapas del desarrollo.

Miguel Ángel Ruiz González