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miércoles, 19 de junio de 2013

CUENTOS INDIOS: De instante en instante

Era un yogui muy anciano. Ni siquiera él mismo recordaba sus años, pero había mantenido la consciencia clara como un diamante, aunque su rostro estaba apergaminado y su cuerpo se había tornado frágil como el de un pajarillo. Al despuntar el día se hallaba efectuando sus abluciones en las frescas aguas del río.


Entonces llegaron hasta él algunos aspirantes espirituales y le preguntaron qué debían hacer para adiestrarse en la verdad. El anciano los miró con infinito amor y, tras unos segundos de silencio pleno, dijo:

- Yo me aplico del siguiente modo: Cuando como, como; cuando duermo, duermo; cuando hago mis abluciones, hago mis abluciones, y cuando muero, muero.

Y al concluir sus palabras, se murió, abandonando junto a la orilla del río su decrépito cuerpo.

El Maestro dice: La verdad no es una abstracción ni un concepto. Cuando la actitud es la correcta, la verdad se cultiva aquí y ahora, de instante en instante.


jueves, 16 de mayo de 2013

CUENTOS INDIOS: Una insensata búsqueda



Una mujer estaba buscando afanosamente algo alrededor de un farol. Entonces un transeúnte pasó junto a ella y se detuvo a contemplarla. No pudo por menos que preguntar:
- Buena mujer, ¿qué se te ha perdido?, ¿qué buscas?

Sin poder dejar de gemir, la mujer, con la voz entrecortada por los sollozos, pudo responder a duras penas:
- Busco una aguja que he perdido en mi casa, pero como allí no hay luz, he venido a buscarla junto a este farol.

El Maestro dice: No quieras encontrar fuera de ti mismo lo que sólo dentro de ti puede ser hallado.



miércoles, 17 de abril de 2013

CUENTOS INDIOS: El viajero sediento


Lentamente, el sol se había ido ocultando y la noche había caído por completo. Por la inmensa planicie de la India se deslizaba un tren como una descomunal serpiente quejumbrosa.

Varios hombres compartían un departamento y, como quedaban muchas horas para llegar al destino, decidieron apagar la luz y ponerse a dormir. El tren proseguía su marcha. Transcurrieron los minutos y los viajeros empezaron a conciliar el sueño. Llevaban ya un buen número de horas de viaje y estaban muy cansados. De repente, empezó a escucharse una voz que decía:
- ¡Ay, qué sed tengo! ¡Ay, qué sed tengo!

Así una y otra vez, insistente y monótonamente. Era uno de los viajeros que no cesaba de quejarse de su sed, impidiendo dormir al resto de sus compañeros. Ya resultaba tan molesta y repetitiva su queja, que uno de los viajeros se levantó, salió del departamento, fue al lavabo y le trajo un vaso de agua. El hombre sediento bebió con avidez el agua. Todos se echaron de nuevo. Otra vez se apagó la luz. Los viajeros, reconfortados, se dispusieron a dormir. Transcurrieron unos minutos. Y, de repente, la misma voz de antes comenzó a decir:
- ¡Ay, qué sed tenía, pero qué sed tenía!

El Maestro dice: La mente siempre tiene problemas. Cuando no tiene problemas reales, fabrica problemas imaginarios y ficticios, teniendo incluso que buscar soluciones imaginarias y ficticias.

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viernes, 22 de marzo de 2013

CUENTOS INDIOS: La Elocuencia del Silencio



Se trataba de un joven erudito, arrogante y engreído. Para cruzar un caudaloso río de una a otra orilla tomó una barca. Silente y sumiso, el barquero comenzó a remar con diligencia. De repente, una bandada de aves surcó el cielo y el joven preguntó al barquero:

- Buen hombre, ¿has estudiado la vida de las aves?
- No, señor -repuso el barquero.
- Entonces, amigo, has perdido la cuarta parte de tu vida.

Pasados unos minutos, la barca se deslizó junto a unas exóticas plantas que flotaban en las aguas del río. El joven preguntó al barquero:
- Dime, barquero, ¿has estudiado botánica?
- No, señor, no sé nada de plantas.
- Pues debo decirte que has perdido la mitad de tu vida -comentó el petulante joven.

El barquero seguía remando pacientemente. El sol del mediodía se reflejaba luminosamente sobre las aguas del río. Entonces el joven preguntó:
- Sin duda, barquero, llevas muchos años deslizándote por las aguas. ¿Sabes, por cierto, algo de la naturaleza del agua?
- No, señor, nada sé al respecto.
No sé nada de estas aguas ni de otras.
- ¡Oh, amigo! -exclamó el joven- de verdad que has perdido las tres cuartas partes de tu vida.

Súbitamente, la barca comenzó a hacer agua. No había forma de achicar tanta agua y la barca comenzó a hundirse. El barquero preguntó al joven:
- Señor, ¿sabes nadar?
- No -repuso el joven.
- Pues me temo, señor, que has perdido toda tu vida.

El Maestro dice: No es a través del intelecto como se alcanza el Ser: el pensamiento no puede comprender al pensador y el conocimiento erudito no tiene nada que ver con la Sabiduría.



lunes, 11 de febrero de 2013

CUENTOS INDIOS: Ni tú ni yo somos los mismos


El Buda fue el hombre más despierto de su época. Nadie como él comprendió el sufrimiento humano y desarrolló la benevolencia y la compasión. Entre sus primos, se encontraba el perverso Devadatta, siempre celoso del maestro y empeñado en desacreditarlo e incluso dispuesto a matarlo.

Cierto día que el Buda estaba paseando tranquilamente, Devadatta, a su paso, le arrojó una pesada roca desde la cima de una colina, con la intención de acabar con su vida. Sin embargo, la roca sólo cayó al lado del Buda y Devadatta no pudo conseguir su objetivo. El Buda se dio cuenta de lo sucedido permaneció impasible, sin perder la sonrisa de los labios.

Días después, el Buda se cruzó con su primo y lo saludó afectuosamente. Muy sorprendido, Devadatta preguntó:
- ¿No estás enfadado, señor?
- No, claro que no.
Sin salir de su asombro, inquirió:
- ¿Por qué?
Y el Buda dijo:
- Porque ni tú eres ya el que arrojó la roca, ni yo soy ya el que estaba allí cuando me fue arrojada.

El Maestro dice: Para el que sabe ver, todo es transitorio; para el que sabe amar, todo es perdonable.


lunes, 21 de enero de 2013

CUENTOS INDIOS: Sólo se necesita miedo



Había un rey de corazón puro y muy interesado por la búsqueda espiritual. A menudo se hacía visitar por yoguis y maestros místicos que pudieran proporcionarle prescripciones y métodos para su evolución interna. Le llegaron noticias de un asceta muy sospechoso y entonces decidió hacerlo llamar para ponerlo a prueba.

El asceta se presentó ante el monarca, y éste, sin demora, le dijo:
- ¡O demuestras que eres un renunciante auténtico o te haré ahorcar!
El asceta dijo:
- Majestad, os juro y aseguro que tengo visiones muy extrañas y sobrenaturales. Veo un ave dorada en el cielo y demonios bajo la tierra. !Ahora mismo los estoy viendo! ¡Sí, ahora mismo!
 - ¿Cómo es posible -inquirió el rey- que a través de estos espesos muros puedas ver lo que dices en el cielo y bajo tierra?
Y el asceta repuso:
 - Sólo se necesita miedo.

  *El Maestro dice: Caminar hacia la Verdad es más difícil que hacerlo por el filo de la navaja, por eso sólo algunos se comprometen con la Búsqueda.



miércoles, 19 de diciembre de 2012

El Nuevo Ocio Es Creativo

Artículo de el diario El País, para el que fue consultado Miguel Ángel Ruiz González


Para los que no se conforman con que sus hijos pasen el fin de semana ante la televisión o la videoconsola, la oferta de cursos con contenidos artísticos y culturales llegan al rescate.


Hay niños que los fines de semana juegan con arena, cubo y pala; otros que pasan la tarde en el centro comercial, entre bolsas de palomitas, cine y bolera; también están los que se desahogan en una piscina de bolas, los que recorren el carril bici de los parques urbanos o los que trotan al ritmo de sus padres en rutas de senderismo. Pero también hay niños cuya agenda de ocio parece diseñada para que forme parte de su futuro currículo profesional: talleres, cursos, seminarios, exposiciones y todo tipo de quehaceres encaminados a dotar de contenido artístico o cultural su tiempo de juego.

La oferta de actividades dirigidas a ellos se ha diversificado en los últimos años hasta límites insospechados. Una vez superada la tartera bajo los pinos del tradicional plan dominguero, los padres comenzaron a demandar otras posibilidades y fueron surgiendo propuestas de ocio infantil cada vez más sofisticadas: de las películas Disney a talleres de cine mudo para niños –se han hecho en la Mostra de Cinema Periférico de A Coruña, en el Musac de León y en el Centro Conde Duque de Madrid–; del circo tradicional a los espectáculos y talleres llenos de luz y sombra que propone Teatres de la Llum (www.teatresdelallum.com); de las marionetas en el Retiro a talleres multidisciplinares de teatro, danza y performance, como los realizados en el centro cultural La Regenta de Las Palmas de Gran Canaria (www.laregenta.org).

Tres son las palabras talismán de muchas de estas propuestas: taller, creatividad e imaginación. Un par de ejemplos: en Barcelona, The Private Space Kids (www.theprivatespacebcn.com) se define como un espacio que, «a través de actividades y talleres, fomenta la imaginación trasladándola a distintos soportes, de manera que los niños pueden dar salida a todo un proceso de creación y ver cómo sus ideas pueden materializarse». En Madrid, Muakbabi (www.muakbabi.com) realiza talleres infantiles de creatividad y diseño «para potenciar las habilidades creativas de niños y niñas, usando el diseño como vehículo de transmisión de valores artísticos y de procesos creativos de pensamiento».

ncluso las fiestas de cumpleaños llegan a envolverse en este planteamiento, como los talleres creativos de yoga, teatro, danza, fotografía o manualidades que propone Villa Peluka (www.villapeluka.com), los de Little Big Kids (www.littlebigkids.es), en los que se imparten talleres como La vuelta al mundo for kids, Arte for kids, El Antiguo Egipto for kids, o los que proponen los espacios Baby Deli –una de sus socias fundadoras es Carolina Herrera– en los que «la ecología y el respeto por el medio ambiente en todo lo relacionado con los niños son sus pilares básicos».

Las propuestas son casi infinitas y muchas de ellas nos dibujan un panorama de padres preocupados no solo por entretener a sus hijos, sino por conseguir que ese entretenimiento, además, sea rico culturalmente o potencie sus capacidades. Y esto puede entrañar sus riesgos, como señala la psicóloga Pilar Valera, autora del libro Timida-mente, quien parte de una premisa: «El hecho de que unos padres se interesen por buscar actividades para compartir con sus hijos es un excelente punto de partida, pues la unión de los niños dentro de la familia, especialmente en los primeros años, es esencial. Ahora bien, la educación en esa etapa no se traduce necesariamente en adquirir conocimientos, sino en modos de aprender a vivir: se puede aprender haciendo origami o con cine de autor, sí, pero también con una película de dibujos o amasando rosquillas en casa mientras hablas con ellos».

Los árboles no crecen tirando de las hojas es el título de una obra del psicólogo y pedagogo Miguel Hoffmann, y a esta metáfora se acoge Joan Domènech, director de la Escuela Fructuòs Gelabert, cuando explica que «cualquier aprendizaje antes de tiempo y en un contexto artificial puede contentar a los padres en un primer momento, pero también puede dar problemas en el futuro, pues propicia que el niño se salte alguna fase en su desarrollo». Domènech, autor de La educación lenta, sugiere «sustituir la idea tradicional de que “el niño aprende jugando” por otra más potente, la de que “el niño que no juega no aprende”. Los pequeños necesitan tiempo para ellos y para jugar libremente, sin actividades dirigidas por mayores, para adquirir aprendizajes que les van a ser necesarios en la vida. A veces confundimos las cosas y les damos juegos didácticos en demasía, cuando a lo mejor lo que necesitan es cubo, pala y arena. Sin más».

A veces, advierten los expertos, en esta búsqueda de actividades un tanto elitistas corremos el riesgo de dejarnos llevar por el esnobismo y subestimar los juegos más simples, por considerarlos poco educativos, poco enriquecedores. «No es conveniente que los padres identifiquen sus inquietudes culturales o intereses particulares con los de sus hijos, ni que piensen que son monigotes capaces de absorber todo. Recordemos que los pequeños no saben expresar bien sus emociones y, a lo mejor, les estamos dando mucha tralla», señala Pilar Varela. El psicólogo Miguel Ángel Ruiz señala que, a la hora de escoger actividades, «hay que dejarles elegir, contar con ellos, escucharles. Si les ofrecemos algo muy denso, que sea propio de su edad, que haya otros niños y, en la medida de lo posible, participen con ellos. Si vemos que el crío disfruta, adelante; si se aburre, dejémoslo. Y tenemos que tener en cuenta la edad: no es lo mismo los cuatro años que los nueve».

El «una de cal y una de arena» es lo que sugiere Miguel Ángel Ruiz, quien explica que «no hay por qué rehuir actividades culturales, pero tampoco hay por qué demonizar las películas de Disney. Lo importante es recordar que el niño debe tener un espacio de expansión propio». Por último, Joan Doménech propone que «nos relajemos con nuestros hijos, juguemos con ellos, paseemos y no les dejemos a solas con su juguete tecnológico. Y es esencial que jueguen con sus amigos sin que estemos los adultos detrás dirigiéndoles y organizándoles su diversión».