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jueves, 15 de diciembre de 2011

El Lienzo de la Vida


Psicólogos Bilbao

Me gustaría comenzar esta reflexión haciendo mención a Viktor Frankl, ya que él, como creador de la Logoterapia, quiso trasmitirnos que su proceso psicoterapéutico consistiría en enfrentar al paciente con el sentido de su propia vida y posteriormente confrontar su conducta con ese sentido de la vida. En definitiva, sería encontrar un sentido a la propia vida y desarrollar la conducta que nos lleve en esa dirección.

Sin embargo, hay muchas y muy diferentes personas, las hay con grandes y con pequeños desarrollos intelectuales, con muchas a la vez que muy enriquecedoras experiencias y con muy pocas, muy inteligentes y lo contrario, las que buscan un sentido a la vida y las que no, y también todas las que estarían en puntos intermedios. Lo que si parecen buscar muchas, es ser felices, unas de unas maneras y otras de otras, pero todas afanadas en intentar disfrutar y ser felices, siendo ese su principal sentido para la vida, salvo las que están, simplemente, entregadas a conseguir no sufrir, por tanto parece que no todas estarían a la búsqueda de un sentido de la vida, pues algunas tendrían bastante con encontrar alimento o un lugar para dormir, a no ser que, desgraciadamente, ese fuera su sentido en la vida, sobrevivir. Cuando nuestra vida pierde sentido, deja de ser valorada y es una de las formas de entrar en depresión.

El lienzo de la vida sería la vida que cada uno de nosotros ha de realizar, quiero hacer la comparación de la vida a vivir, con un lienzo a pintar. Me parece adecuada la comparación porque podemos ver vidas que han sido largas y muy prolíficas, llenas de sentido, serían lienzos grandes con muchas pinceladas y de gran calidad. Nuestra vida sería un cuadro que pintamos y en el que solo podemos dar una pincelada cada vez, una en cada instante, una pincelada con más o menos acierto, destreza o maestría.

Al igual que en otras empresas de la vida, si nos adelantamos a pensar en el enorme camino a recorrer, probablemente no comenzaríamos la andadura. Me gusta mucho el dicho chino que dice “la caminata más larga comienza con un primer paso”, tratando de hacernos entender que solo podemos dar un paso cada vez y que no es bueno que nos salgamos del instante presente, pensando en lo largo de la andadura, simplemente un paso, una pincelada cada vez.

No hay otro tiempo para vivir que el instante presente, de hecho nunca hemos vivido otra cosa más que eso, un instante presente. El pasado no existe, ni el futuro  tampoco, sin embargo, muchas veces estropeamos este instante presente con culpabilidades del pasado o con preocupaciones por el futuro, sin darnos cuenta de que la mejor manera de que cuando ese futuro sea presente, y para que sea el mejor posible, es dando la máxima calidad al instante presente que vivo de forma continua, de ese modo llegarán otros instantes presentes, es decir crearé un buen futuro, que no será otra cosa que el resultado de ese pasado que ya viví como un presente continuo.

Me gusta explicar a mis clientes que la felicidad es un sentimiento que nace de nuestro interior, no es algo que nos venga de fuera, es algo que sentimos y que es la consecuencia de nuestros actos y pensamientos. Entiendo que hay personas que dirán que son felices, por ejemplo, cuando se sienten amadas y eso vendría de fuera, pero yo les diría que lo que viene de fuera es el amor que el otro me da, sin embargo mi felicidad vendría de mi pensamiento valorando ese amor, o de mi conducta de agradecimiento, es por ello, por lo que en última instancia somos los responsables de nuestra felicidad, pues también podría pensar por ejemplo en qué estará buscando esta persona, o que tiene un interés de algo, o lo que sea, y ya no estaré feliz ante el mismo hecho. Por cierto, está muy bien que sea así, ya que de otro modo la felicidad de cada uno estaría en manos de otros y eso nos imposibilitaría ser felices a menos que los otros quisieran, lo cual sería absurdo.

Por tanto, si podemos afirmar que la felicidad es un sentimiento que nace de nuestro interior y lo hace como consecuencia de nuestros pensamientos y acciones y comprendemos que solamente podemos ser felices en el instante presente que vivimos, la felicidad empieza a dejar de ser algo difícil de alcanzar y comienza a ser el resultado de una pincelada en cada instante.

Habremos de empezar a reflexionar sobre qué pensamientos y actos nos hacen ser o sentir felices. Parece que hay unanimidad respecto a alguna acción o conducta, que hace felices a las personas y es el amar. Pero ¿qué es amar?, ¿qué es el amor? Hay multitud de definiciones sobre ello, aunque hay una que he leído recientemente, de Jorge Bucay y que me parece especialmente hermosa y dice: “Para mí, el amor es la decisión sincera de crear para la persona amada un espacio de libertad tan amplio, tan amplio, tan amplio, como para que ella pueda elegir hacer con su vida, con sus sentimientos y con su cuerpo lo que desee, aún cuando su decisión no me guste, aún cuando su elección no me incluya”.

En esta definición, está claro que el acto de amar es independiente de la conducta del otro, es decir amo sin condición, sin embargo añadiría algo más que el espacio de libertad creado para la persona amada, y serían las pinceladas a las que hago referencia arriba para componer el lienzo de la vida, que para mí serían el interés por la otra persona, la muestra de afecto, la ayuda, la admiración, el respeto, la comprensión, la entrega, el perdón , la tolerancia, la compañía, etc., etc.

Psicólogos Bilbao

Los psicólogos nos encontramos en nuestro trabajo permanentemente, las razones por las cuales las personas sufren o tienen conductas y pensamientos negativos que no solo perjudican a los demás, sino especialmente a ellos mismos. Siempre hay unas razones por las cuales las personas se encuentran en el momento histórico en el que se encuentran, por ejemplo es ciertamente más fácil, o se tendrán más probabilidades de ser feliz, si uno ha sido amado, tratado, educado mejor, que si uno ha carecido de esas condiciones. Comprender eso ayuda a amar, a ser más comprensivo, empático y por tanto a ser más feliz.

Es curioso que en esta sociedad las personas más necesitadas de amor sean las menos amadas y al contrario, las menos necesitadas de él, suelen ser las más amadas. Generalmente una persona excelente, quiero decir muy desarrollada, madura, equilibrada, con gran capacidad de amar, que ostenta un buen control de su conducta, que ha encontrado el sentido de su vida y que sabe ser feliz como consecuencia de sus actos y pensamientos, es muy probable que sea muy amada, pero no lo necesite, lo que no significará que no le agrade, pero no lo necesita. Por otro lado la persona cargada de resentimiento, mal educada, vengativa, con conductas y pensamientos muy negativos, será difícil que pueda ser amada, es más, es muy probable que se dé para ella todo el reproche social e incluso la hagamos víctima de nuestros odios y la metamos en la cárcel, pero ¿así la ayudamos? Se dice que el amor todo lo cura, sin embargo hemos de curar al enfermo, no al sano y si nos fijamos hacemos al revés: curamos=amamos al sano y dejamos de lado, encerramos, marginamos al enfermo.

Por todo ello para seguir pintando nuestro propio lienzo hemos de descubrir qué pinceladas, de qué color y forma son las más adecuadas para conseguir la figura, fruta o nube que deseamos pintar, es decir cuáles son nuestras conductas, cuáles son nuestros pensamientos que mejor propician el sentido que quiero dar a mi vida y se traducen en un estado de equilibrio, paz, bienestar y felicidad.

Resumiendo, imaginemos que el sentido que uno quiere dar a su vida es el de ser feliz, habrá de descubrir qué le hace feliz y desarrollar aquellas conductas y pensamientos que le lleven a ello, habrá de entender que en ocasiones, para la consecución de un objetivo harán falta muchas pinceladas. Pongamos un ejemplo, uno descubre que es feliz sanando, ayudando a la gente en su salud, es lógico que se trace el objetivo de ser médico, sabe que eso requiere de varios años, dedicación y esfuerzo, pues bien será conveniente que cada pincelada, cada minuto de estudio, de prácticas, sea llevado a cabo con la actitud y el pensamiento más positivo que facilite el conocimiento y a la vez la satisfacción, sin relegar el ser feliz a la consecución del logro, que será terminar la carrera y poder ejercer como médico.

Muchas veces y lo vemos frecuentemente en consulta, algunas personas, sin darse cuenta, ellas solas se quitan las posibilidades de ser felices, pues comentan cosas como “seré feliz cuando termine la carrera”, o “cuando me independice”, o “cuando consiga determinado objetivo profesional”, o cualquier otra cosa, sin darse cuenta que de algún modo están diciéndose que no serán felices hasta conseguir determinado objetivo, ellas solas se quitan la posibilidad de ser felices, cuando hay que serlo aquí y ahora. No se debe concebir la felicidad como un objetivo a conseguir, sino como una forma de vivir la vida, centrándose en el ahora y en la mejor actitud explícita y de pensamiento que me hace sentirme lo mejor posible. Solemos creer que son las circunstancias las que nos hacen felices o infelices pero no es así, en consulta podemos apreciar esto al ver por ejemplo, personas a las que se les ha muerto el perro y están muy deprimidas y vemos a otras que llevan mucho mejor muertes de seres más importantes y más amados que para la persona del ejemplo el perro, y es que, como dijo Epicteto, no son las cosas lo que trastorna a las personas, sino sus puntos de vista, sus opiniones o interpretaciones de las cosas, por ello será importante tomar conciencia de nuestro estilo de pensamiento.

Nuestros puntos de vista, opiniones o interpretaciones de las circunstancias que nos envuelven, producen distintos estados emocionales en función de los cuales actuamos, damos o no, unas pinceladas u otras y dependiendo de éstas, de la calidad y cantidad de ellas, saldrá un cuadro hermoso o no. A medida que vamos dando más y más pinceladas, vamos desarrollando más maestría y conocemos mejor qué tipo de pincelada es más conveniente en cada momento.



Miguel Ángel Ruiz González


martes, 22 de noviembre de 2011

Sobre lo Heredado y lo Aprendido

Es esta cuestión un tema muy controvertido en psicología, es frecuente que surjan debates y diferencias de opinión cuando se trata de determinar qué conductas, o qué trastornos psicológicos heredamos y cuáles de alguna forma son adquiridos, aprendidos. El que esto escribe está convencido de que, en una gran medida, mucho es lo aprendido, ya que se observa en el ejercicio como psicólogo clínico que detrás de casi todos los trastornos mentales, en un porcentaje altísimo, se encuentran datos muy relevantes en este sentido, a menudo la historia del individuo llega a explicar el por qué de los problemas psicológicos actuales que presenta el paciente.

Suele ser como un puzzle que se va componiendo poco a poco a medida que se va conociendo a la persona y su historia personal, y que al final, en muchos casos, explica la problemática actual que abruma a la persona.

Pero pongamos algunos ejemplos clarificadores en este sentido. Vemos personas que presentan o que padecen fuertes sentimientos de inseguridad o miedos irracionales, suelen tener una historia en la que la educación ha sido llevada desde la transmisión de peligros, miedos, por un determinado estilo educativo del tipo “cuidado con esto, con lo otro”, “qué dirá la gente”, o también de una manera sobre protectora que impide que el educando, el niño, realice actos que a la postre son los que dan la confianza  y el éxito, como por ejemplo “tú no estás preparado para esto o aquello”, “mejor que no vayas, mira que si te pasa algo...”, por otro lado la sobreprotección transmite indirectamente la idea a la persona, al niño, de que por sí mismo, no puede realizarlos, que no tiene la capacidad, además es algo que está comunicando, generalmente el padre o la madre, personajes estos muy valorados y considerados por el menor, en ellos se confía, su opinión “va a misa”, así resulta que el niño no ensaya la conducta y por consiguiente no obtiene el éxito y no se produce el aprendizaje, otros niños sí lo harán y a este menor se le reforzará la idea de que él no es capaz de hacer esto o aquello y su inseguridad se irá desarrollando. En la medida en que esto ocurra, ensayará menos conductas, obtendrá menos éxitos, tomará mayor conciencia de su inferioridad y será cada vez más inseguro.

Lo que nos da la confianza, la seguridad de que somos capaces de hacer algo, o de que dominamos cualquier actividad,  es la realización exitosa y si no hay ensayo, intento, afrontamiento, no surge la confianza en uno mismo.

En otras ocasiones, la inseguridad, la fobia o miedo irracional proviene de experimentar una circunstancia vital angustiante, por ejemplo una madre enferma, muriéndose durante largo tiempo, lleva al niño a vivir en una continua incertidumbre respecto al futuro y por lo tanto a temerlo y con miedo, de este modo nuestro actos se ven condicionados hacia la no realización o realización torpe, de lo que se va a desprender el no aprendizaje o el convencimiento de incapacidad y por lo tanto inseguridad.

Así es que hemos de considerar que frases del tipo “nació miedoso” han de ser puestas en tela de juicio, ya que si en vez de ello decimos que aprendió a ser miedoso, se nos abre la expectativa positiva de que podría aprender a ser más seguro, menos miedoso. Lo que somos es bastante difícil de cambiar, pero lo que hemos aprendido es susceptible de modificarse.

Heredamos potencialidades que en función de las circunstancias se desarrollarán o no. Esto ocurre hasta con cosas que consideramos totalmente heredadas, como por ejemplo la estatura, así, por ejemplo, una persona que mide 1,75 habría heredado la potencialidad de medir entre 1,70 y 1,80 y dependiendo de la alimentación, ejercicio y otras condiciones llegará a una determinada altura.

La conducta no se hereda se aprende. Imaginemos una situación de peligro en la que podemos ser agredidos por un perro, habremos heredado la natural tendencia a activarnos fisiológicamente, como son el aumento de los latidos cardíacos, pilo erección, sudoración, dilatación pupilar, etc. que nos permitirán responder con mayor eficacia ante el peligro, pero la conducta que se produzca va a ser muy diferente en función de que a uno de niño le mordiera un perro y por tanto les tenga miedo, a la que tendrá un adiestrador de perros, y estas experiencias condicionarán incluso, la intensidad de la activación fisiológica que presente el individuo.

Por tanto podemos concluir afirmando que las experiencias y el aprendizaje tienen un enorme peso en las diferencias y facultades que observamos entre los individuos, de hecho hemos oído en muchas ocasiones a personas que consideramos genios, que explicaban que las razones de sus éxitos o logros derivaban del trabajo, y esto, el trabajo, es realización, experiencia y no genética. De hecho a lo largo de la vida todos hemos observado que personas con dotaciones genéticas inferiores han alcanzado mayores éxitos que otros más dotados y la diferencia ha sido el esfuerzo, la realización, la motivación, la autoconfianza, todas ellas cuestiones aprendidas, adquiridas en una buena educación y otras circunstancias favorables.

Miguel Ángel Ruiz González


jueves, 20 de octubre de 2011

¿Está en crisis el modelo familiar tradicional?

Los datos dicen que cada vez se celebran menos matrimonios en Euskadi, somos más individualistas. Por si esto fuese poco, los días después de las vacaciones de verano suelen ser los que propician un mayor número de separaciones y divorcios. Se abordaron estas realidades en Radio Euskadi con el sociólogo de la UPV/EHU Auxkin Galarraga y con el psicólogo Miguel Ángel Ruiz González (a partir del minuto 12). Nos habla entre otras cosas de algunos errores habituales que solemos cometer en pareja a la hora de comprender el amor. ¿Mi pareja está ahí para satisfacerme a mi y viceversa? O por el contrario, ¿ mi pareja está para que yo disfrute de amarle sin esperar recibir nada a cambio y viceversa?


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jueves, 15 de septiembre de 2011

El Puente

De una forma simplificada, podríamos decir que en terapia cognitiva partimos del principio de que muchos de los desequilibrios emocionales, son generados por la forma particular y anómala de interpretar o representarse internamente las circunstancias o hechos que acontecen en la vida de la persona. De ahí las grandes diferencias en los estados emocionales y también a la hora de responder, que se darían entre unos seres humanos y otros, ante las mismas situaciones. Por ejemplo, a la hora de afrontar dos personas, una misma situación, una sufriría muchísimo y la otra levemente o incluso podría generar una emoción positiva. Esta forma particular de representación interna, pensamiento o lenguaje interno, sería la clave para comprender la diferencia entre una y otra, y obedecería a unos patrones o esquemas cognitivos adquiridos y aprendidos a lo largo de la educación y experiencia de la persona.

Por tanto, bastaría recoger por escrito el pensamiento que fluye durante un estado emocional negativo, como puede ser la ira o la tristeza, para poder analizar y observar el tipo de error de pensamiento o forma concreta de valorar o pensar acerca de una determinada situación que tiene la persona, y así ayudarle a modificar el esquema cognitivo y racionalizar de manera más adecuada y no potenciadora de la emoción negativa.  La realización de estos registros y el posterior análisis con el terapeuta llevaría al paciente a ir aprendiendo y conociendo cómo piensa y cómo genera sus emociones y sufrimientos, lo que poco a poco iría provocando el que llegase el momento en que se adelantase a su propio proceso mental negativo, siendo consciente de cómo iba a valorar una determinada situación y por tanto a generar una emoción negativa, lo que le permitiría racionalizar a tiempo y/o aplicar recursos que modificasen el proceso que de otro modo iba a acabar produciendo la emoción no deseada y el sufrimiento consecuente.

Pues bien, este tipo de tratamiento muy eficaz y que llevo aplicando con éxito durante bastantes años y que como digo se llama terapia cognitiva, se ve notablemente mejorado y acelerado cuando el paciente comprende e introduce en la racionalización lo que he dado en llamar “el puente”.

Dicho concepto consistiría en unir el tipo de pensamiento negativo identificado, con su origen, es decir además de ser consciente del tipo de error cognitivo en el que se está incurriendo, trataría de establecer el por qué se produce, dónde se gestó, cuál es su origen.

Veamos un ejemplo.  Imaginemos un paciente que sufre en situaciones relativamente normales, como puede ser en cualquier interacción social, está con unos compañeros de trabajo y se encuentra sumamente nervioso. En esta situación y ante el nerviosismo que experimenta se le ha aconsejado que realice terapia cognitiva, habría de retirarse brevemente sacar su libreta y ponerse a escribir siguiendo un patrón concreto, que no vamos a explicar aquí, pero en el que la parte fundamental sería expresar por escrito los pensamientos que explicarían el nerviosismo que experimenta, esos pensamientos podrían ser del tipo “seguro que están pensando que yo no hablo”, “que soy muy raro”, “no van a querer estar conmigo”, “estarán pensando que estoy loco”, etc. Pues bien a parte de la racionalización que habría que hacer a estos pensamientos, además de otros recursos y por supuesto compartir más tarde todo ello con el terapeuta, ayuda mucho al paciente conocer el origen de ese estilo de pensamiento y traerlo a la mente lo antes posible. Es decir, es muy probable que en el proceso terapéutico, en las sesiones mantenidas con el psicólogo, hayamos descubierto las razones de ese estilo cognitivo, que bien podrían derivar, por ejemplo, de las maneras educativas de unos padres descalificadores, negativos, sobreprotectores o culpabilizadores, que con la mejor de las intenciones, pretendiendo motivar a su hijo, con el fin de que reaccione y aprenda, le decían cosas como “así nunca llegarás a nada”, “tú sigue así y ya verás...”, quita, quita, ya te lo hago yo que tú eres un inútil”, etc., etc.

Estos estilos educativos junto a otras circunstancias pueden haber propiciado la forja de un individuo con baja autoestima, inseguro , tímido, retraído,  y otros calificativos, pero hemos de considerar, que dichos adjetivos se van a manifestar en sus conductas y el pensamiento es una conducta. Y así debe la persona entenderlo, es decir que su sufrimiento procede de su pensamiento, y éste es una conducta concreta aprendida, porque también aprendemos a pensar, y que por consiguiente podemos corregir y para ello , como digo ayuda mucho que el paciente establezca “el puente” y pueda además de racionalizar, poder decir por ejemplo “esta forma de pensar la he aprendido porque al creer  que no satisfacía a mis padres o haber aprendido a creer que era más inútil que los demás, ahora soy víctima de esas creencias que me generan este sufrimiento”. Eso sería establecer “el puente” al que quiero referirme y que como digo ayuda al paciente a resolver sus conflictos de una manera más rápida y global, al no quedarse únicamente en la determinación de los pensamientos negativos, su análisis, sustitución y racionalización, sino también en la comprensión del por qué los tiene, de su origen y ello haciéndolo consciente en el momento en que está en la situación específica en la que está sufriendo.

Todo esto ayudará a la modificación del estilo de pensamiento y  por tanto a la no aparición de emociones negativas, permitiendo así una mejor adaptación a la situación concreta y a la vida en general.



Miguel Ángel Ruiz González

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martes, 16 de agosto de 2011

Maltrato Infantil

Miguel Ángel Ruiz González fue entrevistado en EITB el pasado 20 de junio sobre el Maltrato Infantil.

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“Es muy difícil concluir donde esta la línea que determina cuando comienza un maltrato. Para definirlo, diríamos que sucede cuando hay un daño físico y/o psicológico, o existe un claro riesgo de que en un futuro, el niño, va a padecer unas consecuencias negativas de ese maltrato”.

Tras esta reflexión, nos planteamos si un cachete es o no maltrato. Miguel Ángel comenta lo siguiente:

Un cachete dado puntualmente una vez en la vida, evidentemente no va a traumatizar a nadie. Es un hecho negativo, el niño lo va a sufrir, va a llorar, pero no va a marcarle definitivamente.

Pegar un cachete a nuestros hijos parece ser una conducta aceptada socialmente. Y aquí comienza el problema. Pensar que el cachete es una conducta productiva para la educación de nuestros hijos, indica una falta de mejores recursos por parte de los padres. Si lo aceptamos y lo institucionalizamos, lo estamos estableciendo como norma, y en la norma, en la realización continua del cachete como forma educativa, estaremos haciendo un maltrato. El peligro está en que las personas que, por ejemplo, 3 o 4 veces por semana ponen en práctica esta acción, pensarán que están actuando de forma correcta al agredir a sus hijos.

Cuando aplicamos el castigo de una forma puntual, advirtiendo previamente al niño lo que va a acontecer, y aplicamos este castigo sin descargas emocionales, sin agresividad y estando el niño previamente advertido, no estaríamos haciendo ningún maltrato. Sin embargo, esta forma de aplicar el castigo, se utiliza muy de vez en cuando o muy rara vez. Lo que nos encontramos es un adulto que da un cachete, y al día siguiente no, porque está de buen humor, creando un estado de confusión en el niño. O por ejemplo, si un adulto se muestra tremendamente agresivo, arrea un bofetón, grita e insulta al niño, es probable que esta conducta este produciéndose a menudo, y si esto es así, y el niño es continua y frecuentemente víctima de ese maltrato, no va a poder tener un buen concepto de si mismo, puesto que es su padre el que le maltrata. Y a partir de ahí, en esa mala imagen es donde va a sobrevenir toda una patología, toda una problemática.

Quisiera creer que en la medida en que hay mayor formación y mayor conocimiento en la sociedad, así como hemos mejorado en alimentación, salud, higiene, etc… también lo vayamos haciendo en educación y vayamos entendiendo esto. Lo que si está claro es que las familias desestructuradas, personas drogadictas, delincuentes, o personas que tienen una patología mental de cualquier índole, no van a educar con la misma normalidad que puede hacerlo una persona sana.

¿Cuantas veces, gente que nos rodea, compañeros, personas con las que nos relacionamos, nos sacan de nuestras casillas? Sin embargo, no entendemos que debamos agredirles. ¿De donde sacamos que tenemos ese poder para dar un cachete al niño?

Para que un niño sea sano, tiene que quererse a si mismo, y el trato que le dispensan los padres es fundamental para que se forje una imagen sana de si mismo, que le permita relacionarse con el mundo de una forma relajada y positiva.

Miguel Ángel Ruiz González

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jueves, 7 de julio de 2011

Miguel_A._Ruiz_Gonzalez - Curas y Psicólogos

martes, 21 de junio de 2011

Las Raices de la Violencia

Las Raices de la Violencia
Nuestras creencias y nuestras maneras de procesar la información que recibimos a través de nuestros sentidos, es decir, nuestra forma de interpretar el mundo que nos rodea y las creencias que hemos adquirido y forjado en base a la educación, experiencias, etc., son las que van a determinar nuestros sentimientos y comportamientos.

En un principio, a lo largo de cientos de miles de años, la percepción de un ruido, la interpretación de peligro y la reacción primaria, instintiva, impulsiva e inmediata ha sido sumamente necesaria para sobrevivir. Imaginemos este tipo de reacción ante cualquier ruido en la noche, es decir, se produce un ruido, se interpreta como peligro, el homínido se activa, se sobresalta y reacciona cogiendo un arma y defendiéndose o poniéndose a salvo huyendo. Con que solamente una de cien veces fuera real la presencia de un predador peligroso y con dicha reacción salvara la vida, sería suficiente para justificar esta reacción impulsiva.

Es por todo ello, por lo que la consecución de situación (por ejemplo un ruido), interpretación de peligro y por tanto la reacción, es algo muy gravado en nuestro psiquismo que se activaba de forma coherente ante potenciales peligros y que justificaría su permanencia, el simple hecho de estar acertado de vez en cuando, aunque fuera una de mil veces, salvar la vida lo justificaría. El precio es que eso ha quedado fuertemente gravado en nosotros y en el mundo actual en que vivimos, al menos en gran parte de occidente, no hace falta en general, pero la herencia genética nos dota de la posibilidad de reaccionar así.

Si afinamos un poco más y nos centramos en el significado que damos a nuestras interacciones, y cómo este significado, en muchas ocasiones del hombre primitivo era en términos de peligro, pues o peligraba la prole, o la comida, o simplemente el poder, nos encontramos en que llegaba a automatizarse en gran medida la respuesta hostil, impulsiva como algo necesario para la supervivencia. Por otra parte, sin miedo no hay reacción y sin ira y hostilidad se hacen muy difíciles el ataque o la defensa. Es por ello que podemos decir que en el nacimiento de la ira y la hostilidad, está el significado que damos a nuestras interacciones, aunque pudieron en nuestra prehistoria ser estrategias útiles, hoy, en muchas ocasiones, nos perjudican más que lo que nos benefician. En aquel entonces podía resultar útil interpretar como peligrosa la presencia de un miembro de otra horda, porque realmente podía ser así, eso nos llevaría a verlo como persona mala, perjudicial, negativa, etc., etc., y así poder eliminarlo. Los patrones primitivos de pensamiento probablemente se fueron adaptando a aquellas condiciones prehistóricas bajo las cuales la supervivencia dependía de la reacción del individuo, instantánea en muchos casos, sin tiempo de reflexión, frente a la aparente amenaza de algún extraño o incluso de ciertos individuos del mismo bando. Era necesario clasificar a los otros de peligrosos o no, sin ambigüedades y esta manera de clasificar es lo que llamamos el pensamiento dicotómico que observamos en los individuos crónicamente enfadados, muy criticones o exageradamente irritables. Este mismo pensamiento dicotómico observamos que también dirige la conducta de los grupos enfrentados, sean comunidades o naciones.

Si en función de lo que pensamos ante una determinada circunstancia sentimos, y según pensamos y sentimos actuamos, habrá que tener mucho cuidado con los errores de pensamiento que tenemos, ya que como veíamos tenemos ciertos automatismos, impulsos negativos, que el que se manifiesten dependerá de la interpretación que hagamos de los hechos.

Hay muchos tipos de errores de pensamiento, demasiados para tratar de recogerlos en un artículo. Veamos alguno, por ejemplo lo útil que puede resultar aprender a hacer inferencias y por tanto a generalizar, pero a la vez lo peligroso que puede llegar a resultar. Por ejemplo si al cazar a la cría de un animal vemos que la madre reacciona violentamente, podemos generalizar que las madres de otras especies reaccionarán de forma similar. Es decir la generalización nos permite aprender con pocas experiencias, pero como decimos tiene su vertiente negativa y así, cuando algo que hace alguien nos duele, si generalizamos y decimos que tiene mala intención, de este modo justificamos nuestro ataque y sin embargo, es posible, que la persona que nos ha causado un daño, no tuviera intención de causárnoslo.

Es mucho más fácil que nos sintamos agredidos o enfadados cuando llevamos las acciones específicas (“él criticó lo que dije”), a la generalización rotunda (“él siempre me critica”), o al enjuiciamiento (“es un desconsiderado”), para así poder actuar violentamente. Pero en gran medida como vemos son procesos bastante primarios y obsoletos en la inmensa mayoría de situaciones en que se ve envuelto el ser humano en la actualidad, que además tienen la enorme pega de dificultar los arreglos, el entendimiento y la mejora de las relaciones.

Como los sentimientos no son más que la expresión del significado que damos a los hechos, para acabar con la ira y con la violencia, necesitamos aclarar las aberraciones cognitivas y creencias erróneas que llevan a los conflictos personales e intergrupales, más que confiar en códigos morales y cánones religiosos.

Miguel Ángel Ruiz González