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martes, 1 de febrero de 2011

EL AMOR DE PAREJA

Hoy en día todos conocemos parejas que se han separado, o que se llevan fatal y lo desean. Es por tanto bastante oportuno que exista el divorcio y que la gente libremente opte por separarse cuando así lo estima.

De todos modos los terapeutas de pareja observamos que hay gran cantidad de separaciones que podrían evitarse y mejorar profundamente sus relaciones, y es que hay casos en los que por ejemplo los miembros de la pareja (uno, o los dos) piensan que si se ha perdido la pasión aquella del principio, no hay nada que hacer, o parejas que están manteniendo una postura de fuerza con respecto al otro: "cómo no cambie lo tiene claro yo no muevo un dedo", naturalmente acaban mal. Otras parejas tienen unos déficits de adecuada comunicación que también les conducen a problemas de relación.

Nosotros planteamos el amor (no hablamos aquí del enamoramiento), en términos de conducta, es decir, la base del amor como de la amistad son conductas. ¿Cómo voy a tener amistad  profunda con alguien si no estoy cuando me necesita?, ¿si no escucho lo qué le sucede?, ¿si no valoro los actos que por mí realiza?, ¿si no hacemos cosas juntos?, ¿si no manifestamos nuestro agrado por las buenas cosas que le acontecen al otro? Es decir para que exista el amor tenemos que hacer algo que lo mantenga. Solemos comparar el amor de pareja a una huerta que uno posee, si mueve la tierra, retira malas hierbas, abona, siembra buenas semillas, riega, etc., el fruto que dará la huerta será más abundante y de más calidad que el que produciría sin esos cuidados. El amor de pareja es algo parecido, no basta con haber estado enamorado, es preciso cuidarlo, mimarlo, enriquecerlo, requiere una atención un cuidado específico.

Esto es algo que se puede experimentar, desde aquí quisiera invitar a las personas con problemas de relación de pareja que reflexionen, analicen, o se informen o pidan ayuda y lo prueben.

Pongamos un ejemplo, supongamos que me siento mal con mi pareja, tenemos un pequeño conflicto y hemos llegado a un punto en que casi no cruzamos palabra, por lo tanto cuando llego a casa espero a ver cómo actúa mi cónyuge, estoy pendiente de la atención que me presta, en una palabra a la expectativa de lo que hace por mí. Probablemente él/ella se encuentran en la misma posición, o sea está esperando a que me dedique a él/ella, así que no se dedica a mí y por lo tanto me enfado más y menos ganas tengo de hacer nada, con toda seguridad no estaré feliz y contento. Ahora me propongo (incluso experimentalmente), que cuando llegue a casa le llevaré un detalle, le sonreiré, le preguntaré por lo que ha hecho, me interesaré por sus cosas, trataré de que mi pareja se encuentre feliz, como sé lo que le agrada, es más que probable que lo consiga, si esto es así, nos sonreirá, a su vez se interesará por mis cosas, le resultará más fácil acercarse a mí y tener aquel pequeño detalle que yo espero que tenga, entonces me sentiré querido, atendido, en cualquier caso mejor que con la inercia de no hacer nada u otras conductas negativas, como gritar, culpabilizar, etc.

Si por ejemplo tengo esta intención de agradar a mi pareja y tengo esas conductas positivas y resulta que no me mira, ni sonríe, ni dice nada, y yo en vez de verbalizar lo que siento, decirle lo que me gustaría, preguntarle acerca de lo que le sucede, me enfado, grito, ofendo y me marcho, habré tenido el detalle la buena intención, pero habremos fallado en la comunicación, porque evidentemente con todas esas conductas comunicamos.

Ella no habrá sabido comunicar con su gesto y palabra, el agrado, y en el caso de estar enfadada, no ha  verbalizado, y controlado sus sentimientos de una forma eficaz, como sería diciendo que le agradece el detalle pero que le cuesta sonreír, mirándole, describiendo la conducta que causó el enfado sin juzgarla ni interpretarla, expresando lo que siente, pero haciéndose responsable de sus sentimientos, no culpabilizándole/se, y por otro lado, proporcionando soluciones, peticiones, acuerdos concretos.

Él también por no saber comunicar el malestar que siente, no describir la conducta de ella que causa el enojo, no decir cómo se siente, no intentar comprender las razones de su conducta ni preguntar acerca de éstas (“si no me mira ni sonríe es porque sigue enfadada, voy a ayudarla a expresar lo que siente, a asumir mi responsabilidad, a pedir disculpas de aquello que sea responsable y a reparar lo dañado”)  ni proponer soluciones, demandas concretas , habrá contribuido al alejamiento, a los problemas de pareja.

Si por el contrario lo hacemos y este tipo de actuaciones se producen constantemente y por ambas partes nos encontramos, muy probablemente ante una pareja feliz.

En el estudio de la relación de parejas lo que se observa como rasgo diferencial entre las felices y las que no lo son, es la conducta, bien por que hay muchas cosas que no se están haciendo (déficit conductual), o bien porque se están realizando conductas inadecuadas como consecuencia de fallos en la comunicación, educación, falta de información, circunstancias especiales, y un largo etcétera, pero al fin y al cabo conductas, por consiguiente identificables y modificables.

Estos comportamientos específicos, estas pautas de comunicación, unidos a la decisión de una pareja enamorada que decide un proyecto de vida juntos, proporciona los medios para afrontar con más probabilidades de éxito, esa empresa que llamamos pareja y frecuentemente acaba en familia.

Miguel Ángel Ruiz González


viernes, 14 de enero de 2011

Entrevista DEIA - Abuso Sexual Infantil

"No nos obsesionemos con los abusos; no es lo habitual"

La detención de un profesor en Erandio, acusado de abusar sexualmente a varios alumnos, ha convulsionado a la sociedad esta semana. El psicólogo clínico Miguel Ángel Ruiz advierte de que, en algunos casos, los niños ni siquiera son conscientes de que están siendo víctimas.

Bilbao. ¿Cómo vive un niño los abusos sexuales? ¿Son conscientes de ello?
Depende de la edad, del tipo de abuso... Si son muy pequeños, quizá ni se den cuenta, lo ven como un juego. O puede ser un tocamiento tan sucinto que ni lleguen a notarlo. A partir de los 7 u 8 años sí pueden empezar a notar algo raro. También depende de las técnicas que desarrolle el pedófilo; algunos niños ni siquiera lo ven como algo traumático, porque les engaña haciéndoles ver que es un juego.

¿Se pueden detectar estos casos?
El tipo de abuso y los síntomas que provoca en cada niño son tan amplios que es difícil determinarlo, salvo que sean cosas muy claras. En general es difícil. Si es muy sutil, es prácticamente inapreciable; a veces lo cuentan de forma inocente, relatando cómo juegan con él. No es fácil, a no ser que el abuso sea fuerte.

En estos casos, ¿los síntomas son más evidentes?
Sí, tiene dolores de cabeza cuando nunca se había quejado, pesadillas continuas, de repente se vuelve retraído, rehusa ir a clase de gimnasia o no quiere desvestirse con más gente, tiene miedo de ir solo al baño, se vuelve agresivo... Son cambios que chocan, cosas que antes no sucedían, y que perduran; que un niño tenga un cambio emocional repentino puede ser normal si ocurre un día por algo concreto. Si ocurre con cierta frecuencia, es cuando se nos tiene que encender la luz.

¿Aparecen en todos los casos?
Si son abusos dañinos para el niño, sí. Pero también puede haber tocamientos tan sutiles que el niño no se da cuenta y, por lo tanto, no le causa daño alguno. Intervendremos en consecuencia, pero tampoco le vamos a causar un problema al niño donde él no lo ve. Si hay abuso dañino o perjudicial, como en la mayoría de los casos, siempre va a haber unos síntomas que nos indiquen que algo no va bien.

¿Siempre hay que sospechar de abusos?
Estos comportamientos no son aplicables únicamente a abusos; pueden ser celos de un hermano pequeño que acaba de nacer o problemas con un compañero de clase. Indican un amplio abanico de trastornos o problemas en la vida del niño.

¿Cómo descubrirlo?
Hay que hablarlo haciéndole preguntas indirectas, poco a poco: con quién juega, dónde, cómo... Pero sin obsesionarse, que a veces lo hacemos en exceso. Gracias a Dios, la mayor parte de los profesores son personas normales y no tienen esos comportamientos. No es lo habitual, así que nos obsesionemos con ello; no podemos empezar a preguntarles si su profesor les toca o no, sin venir a cuento. Si el niño está feliz y no hay signos extraños, no hay problema.

Me imagino que no será fácil que hablen de ello.
Si el abusador sabe hacerlo, entre comillas, el niño no lo van a contar, y esa es la gran desgracia. Crea en el niño un sentimiento de culpa, haciéndole creer que es responsable a través de regalos o del chantaje emocional; él ha participado libremente, por eso ha recibido regalos... Sabemos que los casos que se denuncia son un porcentaje muy pequeño. Otras veces lo cuentan de forma totalmente inocente; con fulanito juego así y así. El niño no sabía que estaba siendo abusado, sino participando en un juego, y como tal lo cuenta. Por eso, una buena comunicación con nuestros hijos, la presencia de los padres en su educación, favorece saber lo que les está sucediendo.

En el caso de estas víctimas, ¿cómo se debe actuar con ellos a partir de ahora?
Depende de la edad, de si hay consciencia de que ha sido víctima de algo negativo y del tipo de abuso. La actitud de los padres es clave; no se trata de mentir y decir que no ha pasado nada, pero tampoco estigmatizar el hecho. Decir lo que nos ha pasado es desagradable pero tú eres fuerte y lo puedes superar, la vida sigue y estas cosas nos sirven para saber que hay personas malas en la vida es una actitud más sana que lamentarse una y otra vez con un Dios mío, qué desgracia lo que nos ha pasado.

¿Pueden sufrir secuelas?
Depende del tipo de abuso, del alcance, del tiempo que dure, la intensidad, la gravedad... Pero pueden dejar marcada a una persona de por vida; se vuelven retraídas, insatisfechas, con falta de confianza en sí mismas...

Los protocolos para detectar este tipo de abusos u otros como el bulling, ¿funcionan correctamente en los centros escolares?
No conozco en detalle cómo funcionan, pero investigar continuamente si los niños son víctimas de abusos me parecería peligroso. Hay que prestar atención individual al caso cuando detectamos algo raro en un niño, pero establecer una serie de preguntas globales a los niños para ver cuáles son víctimas de posibles asuntos no lo estimo conveniente.

Generan una evidente alarma social. ¿Se deben dar a conocer?
Me pone en un brete... Creo que sí, pero al mismo tiempo tenemos que tener confianza en nuestro marco educativo y en nuestro profesorado. Nuestro sistema es fuerte y estos casos, tarde o temprano, siempre salen a la luz; los mismo profesores que sospechan son los primeros en denunciar y no permitir estos casos.


Miguel Ángel Ruiz González